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Himno

Yo Quiero Ser Tu Siervo

esta bella canción transmite un espíritu de entrega y humildad ante lo divino. A partir de la confesión de no merecer nada y de que todo lo bueno proviene de Dios, el tema central es la rendición total: la vida, las fuerzas, el talento y la voz se entregan para un propósito superior. El mensaje principal invita a convertirse en siervo fiel y a hacer la voluntad de Dios, reconociendo la necesidad de purificación y de ser llenos de Su Espíritu. Con una voz de súplica, se busca anunciar las obras divinas en la propia vida y ser testimonio vivo de gratitud y obediencia. Es un llamado a vivir para otros y para lo que se es en Él.

Letra

No merezco nada de ti,
Oh, Señor, lo que soy, lo soy por ti;
Todas mis fuerzas, están en ti,
Mi corazón y mi vida.
Mi talento y mi voz,
Los entrego, Señor a Ti.
Yo quiero ser tu siervo fiel,
Yo quiero hacer tu voluntad;
Límpiame, ¡Oh Señor!, perdóname,
Y lléname de tu Espíritu,
Para anunciar lo que tú has hecho,
En mi vida y en mi ser.

Reflexión

Tú sabes que no merezco nada por mi propia cuenta. Todo lo que tengo y soy, lo reconozco ante ti: lo que soy, lo soy por ti. En cada despertar siento que mi historia empieza contigo, que mis fuerzas encuentran su cauce en tu presencia y que mi corazón late para ser útil en tus planes. A veces quiero que mi vida tenga más brillo, más logros, más reconocimiento, pero la insistente verdad de la entrega me recuerda que lo más precioso no es lo que hago, sino a quién me entrego.

Mis manos, mis talentos y mi voz se vuelven un lenguaje de fe cuando te dicen: “Señor, aquí estoy”. Quiero ser tu siervo fiel, no para presumir de fuerza, sino para hacer tu voluntad día a día. Si me quitas el ruido, y me guías por la quietud de tu palabra, sé que escucharé lo que me pides: caminar con humildad, servir con paciencia, amar con constancia. Límpiame, oh Señor, cuando mi mirada se nubla por mis propias ideas; perdóname cuando me desvío de la ruta que me muestras para que yo anuncie lo que tú has hecho en mi vida y en mi ser.

Lléname de tu Espíritu, como una vela que se enciende en la noche para alumbrar el camino de otros. Que mi testimonio no sea solo palabras, sino una vida que duplicará la esperanza cuando la gente me vea acercarme sin grandes palabras, sino con la sencillez de alguien que confía en tu gracia. Quiero anunciar lo que has hecho en mí: la mano que me levantó, la gracia que me perdonó, la paz que me sostiene.

Hoy te digo desde lo profundo de mi ser: quiero vivir para ti. No porque sea perfecto, sino porque te he encontrado digno. Si me das un propósito, me entrego a él sin reservas, sabiendo que tu amor será suficiente para cada paso. Que mi vida sea un pequeño espejo de tu bondad, para que otros descubran, a través de mi historia, que tú sigues siendo el único camino de vida.