Yo Daré Mis Diezmos
esta bella canción presenta la entrega generosa de los diezmos como una respuesta de fe a la causa del Señor y de su Iglesia. A través de un tono de fidelidad constante, la letra invita a donar en todo tipo de circunstancias: en la pobreza y la abundancia, con lealtad y gratitud, confiando en que lo ofrecido será multiplicado para la viña cristiana. El mensaje central subraya la responsabilidad del creyente de cooperar en la misión divina, movido por amor y devoción. No se habla de mérito personal, sino de una confianza que se expresa en acciones concretas: contribuir según las fuerzas y la fe que cada quien posee.
Letra
I
Para la causa de mi Señor
Para su Iglesia, salva por Él,
Para su viña cristiana y fiel
Daré mis diezmos con gran amor.
Mis diezmos todos yo voy a dar,
Y mis ofrendas de gratitud,
Por su potencia y su virtud,
Mi Dios harálos multiplicar.
II
En mis pobrezas y en mi aflicción,
En mi abundancia y prosperidad,
Solemnemente, con gran lealtad,
Daré mis diezmos con devoción.
III
Soy responsable de cooperar
Para la causa de mi Señor,
Y por lo mismo con gran amor
Diezmos y ofrendas prometo dar.
IV
A contribuir me invita el Señor
Según mis fuerzas, según mi fe,
Mi diezmo a Cristo yo le daré:
Él ama a todo feliz dador.
Para la causa de mi Señor
Para su Iglesia, salva por Él,
Para su viña cristiana y fiel
Daré mis diezmos con gran amor.
Mis diezmos todos yo voy a dar,
Y mis ofrendas de gratitud,
Por su potencia y su virtud,
Mi Dios harálos multiplicar.
II
En mis pobrezas y en mi aflicción,
En mi abundancia y prosperidad,
Solemnemente, con gran lealtad,
Daré mis diezmos con devoción.
III
Soy responsable de cooperar
Para la causa de mi Señor,
Y por lo mismo con gran amor
Diezmos y ofrendas prometo dar.
IV
A contribuir me invita el Señor
Según mis fuerzas, según mi fe,
Mi diezmo a Cristo yo le daré:
Él ama a todo feliz dador.
Reflexión
La vida de fe nos invita constantemente a mirar la obra del Señor, reconociendo a su Iglesia, salva por Él, y a su viña cristiana y fiel. Ante esta maravillosa realidad, brota en el corazón un profundo deseo de cooperar con su causa. Entregar nuestros diezmos y ofrendas de gratitud no es simplemente cumplir con un deber administrativo, sino responder con gran amor a la potencia y virtud de un Dios que, en su infinito poder, promete multiplicar lo que depositamos en su altar. Es un acto de confianza donde reconocemos que todo lo que somos y tenemos le pertenece.
Esta entrega sincera se pone a prueba en las distintas estaciones de nuestro caminar. La vida nos lleva a veces por valles de pobreza y aflicción, y en otras ocasiones, por senderos de abundancia y prosperidad. La verdadera devoción y la lealtad solemne se manifiestan cuando, sin importar la circunstancia económica o emocional que estemos atravesando, decidimos mantener firme nuestra promesa de dar. En la dificultad, el diezmo es un paso de fe que vence el temor; en la abundancia, es una muestra de humilde gratitud que nos guarda del orgullo.
Hoy, el Señor nos hace una invitación sumamente personal y respetuosa: contribuir según nuestras fuerzas y según nuestra fe. Se trata de asumir con gozo la responsabilidad de cooperar con su reino, sabiendo que Cristo ama a todo feliz dador. Te invito a reflexionar en este llamado y a renovar tu compromiso de amor. Que al entregar nuestros diezmos y ofrendas, lo hagamos con un corazón alegre, confiando plenamente en que nuestro generoso Dios multiplicará cada semilla para bendición de su Iglesia.
Esta entrega sincera se pone a prueba en las distintas estaciones de nuestro caminar. La vida nos lleva a veces por valles de pobreza y aflicción, y en otras ocasiones, por senderos de abundancia y prosperidad. La verdadera devoción y la lealtad solemne se manifiestan cuando, sin importar la circunstancia económica o emocional que estemos atravesando, decidimos mantener firme nuestra promesa de dar. En la dificultad, el diezmo es un paso de fe que vence el temor; en la abundancia, es una muestra de humilde gratitud que nos guarda del orgullo.
Hoy, el Señor nos hace una invitación sumamente personal y respetuosa: contribuir según nuestras fuerzas y según nuestra fe. Se trata de asumir con gozo la responsabilidad de cooperar con su reino, sabiendo que Cristo ama a todo feliz dador. Te invito a reflexionar en este llamado y a renovar tu compromiso de amor. Que al entregar nuestros diezmos y ofrendas, lo hagamos con un corazón alegre, confiando plenamente en que nuestro generoso Dios multiplicará cada semilla para bendición de su Iglesia.