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Himno

Un Toque De Tu Gloria

Esta bella canción expresa una oración comunitaria y personal dirigida al Señor, con el deseo de que su gloria toque la reunión y transforme a quienes participan en ella. La letra presenta una petición de edificación, santificación y enseñanza bajo la guía de Jesús. También solicita alimento y fortaleza, como recursos necesarios para crecer y mantenerse firmes. Su mensaje central es la dependencia de Dios: la congregación reconoce que necesita su presencia, dirección y poder para ser renovada. Con un lenguaje sencillo y repetitivo, el canto invita a esperar un toque divino que alcance tanto el encuentro colectivo como la vida interior de cada creyente.

Letra

Dale un toque de tu gloria Señor,
A esta reunión, a esta reunión;
Dale un toque de tu gloria Señor,
A esta reunión. Amén.

Edifícame, santifícame,
Y enséñame Señor Jesús;
Aliméntame, fortaléceme,
Dame un toque de tu gloria, Señor.

Reflexión

Cuando pides: “Dale un toque de tu gloria, Señor”, estás reconociendo que una reunión puede ser más que un encuentro humano. Puede convertirse en un espacio donde tu corazón se abra a la presencia de Dios, donde tus cargas encuentren descanso y donde tu vida sea renovada. No se trata solamente de estar reunido, sino de permitir que el Señor transforme lo que sucede dentro de ti.

La letra también expresa una oración muy personal: “Edifícame, santifícame, y enséñame”. Tú puedes acercarte a Dios con la certeza de que todavía estás en proceso. Hay áreas de tu vida que necesitan ser afirmadas, pensamientos que deben ser corregidos y actitudes que requieren limpieza. Pedirle al Señor que te edifique es reconocer que necesitas su obra; pedirle que te santifique es ofrecerle tu corazón; pedirle que te enseñe es disponerte a aprender con humildad.

También puedes decirle: “Aliméntame, fortaléceme”. Así como el cuerpo necesita alimento para continuar, tu interior necesita recibir sustento para no desfallecer. Tal vez llegas a una reunión cansado, confundido o debilitado. Puedes presentarte tal como estás, sin aparentar, confiando en que Dios puede renovarte y darte fuerzas para seguir.

Un toque de su gloria puede comenzar en algo sencillo: una disposición sincera, una oración humilde, un corazón dispuesto a escuchar. No necesitas tener todas las respuestas. Solo acércate y permite que el Señor trabaje en ti. Que esta petición no sea únicamente una frase cantada, sino el deseo constante de tu vida: ser edificado, santificado, enseñado, alimentado y fortalecido por Jesús.

Hoy puedes orar con sencillez: “Señor, toca mi vida y toca también este encuentro. Haz en mí lo que yo no puedo hacer por mí mismo”. Y al decir “amén”, hazlo con confianza, entregándole a Dios tu presente y abriendo tu corazón a su obra.

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