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Himno

Un Día Cristo Volverá (2)

esta hermosa letra gira en torno a la esperanza de la segunda venida de Cristo. Se presenta como un recordatorio solemne de que un día el Rey volverá en gloria, tal como se prometió, y que su pueblo lo verá cara a cara. El tema central es la actitud de vigilia y fe perseverante: estar atentos, esperando con confianza, para poder contemplar a Jesús. La canción enfatiza la majestad del retorno y la belleza incomparable de su rostro, capaz de eclipsar incluso la luz del sol. Al final, se expresa una bienvenida solemne y una confianza firme en que la fe verdadera no será vana.

Letra

I
Un día Cristo volverá,
Al ascender lo prometió;
Del mismo modo volverá
Y su pueblo ha de ver al Rey Jesús.

Muy pronto, sí, Jesús vendrá,
Y alegre le verá su pueblo;
En vela todos debemos estar,
Para poderle mirar.

II
Los mensajeros del Señor,
Afirman que Jesús vendrá
Y el Espíritu de Dios,
Las promesas de la Biblia nos abrió.

III
¡Oh, gloria sin comparación,
Será mirar a nuestro Rey!
Su rostro hermosos brillará,
Eclipsando el fulgor del mismo sol.

IV
¡Oh, bienvenido Rey Jesús!
Tu iglesia ya esperando está
Y vana no será la fe,
Nuestra dicha es, Señor, que Tú vendrás.

Reflexión

La promesa de que Cristo volverá es el faro que ilumina el caminar de la iglesia. Tal como lo prometió al ascender, nuestro Salvador regresará con la misma gloria con la que partió, y su pueblo tendrá la bendición de contemplar cara a cara al Rey Jesús. Esta certeza no es una ilusión lejana, sino una realidad que debe llenar el corazón de una profunda alegría. La venida del Señor está cerca, y esta dulce expectativa nos invita a reflexionar sobre cómo estamos viviendo hoy a la luz de su retorno.

La letra nos recuerda con ternura la importancia de estar en vela. Mantenerse despierto y expectante no significa vivir con temor, sino con un corazón encendido en fe y amor. El Espíritu de Dios, en su infinita gracia, ha abierto ante nosotros las promesas contenidas en las Escrituras, confirmadas también por los mensajeros del Señor. Al comprender estas verdades, somos llamados a una aplicación personal diaria: ¿cómo nos estamos preparando para recibirle? Estar en vela implica consagrar nuestras vidas, cultivar una comunión íntima con Él y permitir que su presencia transforme nuestras acciones cotidianas, para que cuando Él aparezca, nuestra mirada se encuentre con la suya en un abrazo de paz.

¡Qué gloria tan incomparable será aquel día! La contemplación de su hermoso rostro, con un brillo tan sublime que eclipsará el fulgor del mismo sol, es la meta de nuestra esperanza. Para la iglesia que espera con paciencia, esta fe no será en vano. Al contrario, es nuestra mayor dicha y el anhelo más profundo de nuestra alma. Te invito hoy a renovar tu confianza en esta promesa. Deja que la bienvenida al Rey Jesús comience hoy mismo en tu propio corazón, viviendo cada día con la feliz certeza de que Aquel que prometió volver, cumplirá su palabra y nos llenará de un gozo eterno.