Un Avivamiento Espiritual
esta hermosa canción describe un clamor ferviente por un avivamiento espiritual que venga como derramamiento del Espíritu. La letra busca poder divino para vivir en santidad y en amor, y manifiesta que el avivamiento debe empezar en el propio ser. Se eleva la esperanza de una iglesia revivida que, por la acción de Dios, alcance a los perdidos y los traiga a la salvación en Cristo. La oración se extiende al plano mundial, recordando la promesa de Pentecostés y la transformación que provoca convicción y cambio de vida. En resumen, el mensaje central es un deseo profundo de renovación espiritual que impulse a la iglesia a servir y a testificar con poder.
Letra
I
Por un grande avivamiento te pedimos hoy,
Que derrames sobre nosotros poder pentecostal;
Anhelamos el servirte en santidad y amor,
Da un avivamiento espiritual.
Danos hoy avivamiento, ¡oh Dios!
Y derrama de tu Espíritu,
Danos hoy avivamiento, ¡oh Dios!
Que principie en mi ser.
II
Que la iglesia revivida sea por tu poder
Y que en Cristo los perdidos salvos puedan ser;
De tu fuerza y bendiciones danos a raudal,
Y un avivamiento espiritual.
III
Por mundial avivamiento sea nuestra oración,
Pues aún existe Dios, el de pentecostés;
Que de reprende, que convierte, que da convicción,
Danos un avivamiento tal.
Por un grande avivamiento te pedimos hoy,
Que derrames sobre nosotros poder pentecostal;
Anhelamos el servirte en santidad y amor,
Da un avivamiento espiritual.
Danos hoy avivamiento, ¡oh Dios!
Y derrama de tu Espíritu,
Danos hoy avivamiento, ¡oh Dios!
Que principie en mi ser.
II
Que la iglesia revivida sea por tu poder
Y que en Cristo los perdidos salvos puedan ser;
De tu fuerza y bendiciones danos a raudal,
Y un avivamiento espiritual.
III
Por mundial avivamiento sea nuestra oración,
Pues aún existe Dios, el de pentecostés;
Que de reprende, que convierte, que da convicción,
Danos un avivamiento tal.
Reflexión
Queridos hermanos y amigos, hoy nos unimos en un mismo sentir y en una oración sincera que brota desde lo más profundo de nuestro corazón: el anhelo de un verdadero avivamiento espiritual. Esta petición no es un simple deseo de cambio externo, sino un clamor ferviente para que el poder de Dios se derrame sobre nuestras vidas, tal como en el Pentecostés. Sin embargo, la belleza de esta búsqueda radica en comprender que este despertar no comienza de manera colectiva sin antes tocar nuestra propia alma. La invitación más íntima y desafiante que hoy recibimos es permitir que este avivamiento principie en nuestro propio ser. Es una llamada a abrir las puertas del corazón para que el Espíritu de Dios comience su obra transformadora en nosotros de manera individual.
Al buscar este avivamiento, anhelamos servir a nuestro Señor en santidad y amor. No se trata de buscar bendiciones para nuestra propia complacencia, sino de ser capacitados con fuerza divina para que la iglesia entera sea revivida por su poder. Cuando somos transformados, nos convertimos en instrumentos activos para que aquellos que se encuentran perdidos puedan alcanzar la salvación en Cristo. Dios, en su bondad, desea darnos de su fuerza y bendiciones a raudal. Por lo tanto, este despertar nos impulsa a mirar más allá de nosotros mismos, extendiendo nuestra oración por un avivamiento que no solo impacte nuestra comunidad local, sino que se extienda de manera mundial.
Te invito hoy a tener fe en que el mismo Dios de siempre, aquel que reprende, convierte y da convicción, sigue estando presente y activo hoy. No dudemos de su poder ni de su disposición para responder a nuestro clamor. Te animo a hacer tuya esta oración en este momento. Pregúntate: ¿estoy dispuesto a que el avivamiento comience hoy en mí? Rindamos nuestra vida ante Él, busquemos su presencia con humildad y permitamos que su Espíritu nos llene de ese amor y poder transformador que tanto necesitamos. Que nuestra vida diaria sea el reflejo de un corazón verdaderamente revivido.
Al buscar este avivamiento, anhelamos servir a nuestro Señor en santidad y amor. No se trata de buscar bendiciones para nuestra propia complacencia, sino de ser capacitados con fuerza divina para que la iglesia entera sea revivida por su poder. Cuando somos transformados, nos convertimos en instrumentos activos para que aquellos que se encuentran perdidos puedan alcanzar la salvación en Cristo. Dios, en su bondad, desea darnos de su fuerza y bendiciones a raudal. Por lo tanto, este despertar nos impulsa a mirar más allá de nosotros mismos, extendiendo nuestra oración por un avivamiento que no solo impacte nuestra comunidad local, sino que se extienda de manera mundial.
Te invito hoy a tener fe en que el mismo Dios de siempre, aquel que reprende, convierte y da convicción, sigue estando presente y activo hoy. No dudemos de su poder ni de su disposición para responder a nuestro clamor. Te animo a hacer tuya esta oración en este momento. Pregúntate: ¿estoy dispuesto a que el avivamiento comience hoy en mí? Rindamos nuestra vida ante Él, busquemos su presencia con humildad y permitamos que su Espíritu nos llene de ese amor y poder transformador que tanto necesitamos. Que nuestra vida diaria sea el reflejo de un corazón verdaderamente revivido.