trabajad! ¡trabajad!
Esta bella canción presenta un llamado claro a la acción y al servicio. A partir de la letra, se percibe un tema central: la dedicación diaria a Dios mediante el trabajo, la oración y la esperanza en el regreso del Maestro. El mensaje enfatiza la responsabilidad de ayudar a los necesitados, alimentar a los que buscan la vida y cuidar a los enfermos con la certeza de que su amor restaura sin pedir nada a cambio. También habla de fortaleza frente al mal y de la misión de guiar a otros hacia la libertad que ofrece el aprendizaje de su mensaje. En conjunto, transmite perseverancia, confianza y una visión de redención disponible para todos.
Letra
I
¡Trabajad! ¡Trabajad! Somos siervos de Dios,
¡seguiremos la senda que el Maestro trazó!
Renovando las fuerzas con bienes que da,
El deber que nos toca cumplido será.
¡Trabajad! ¡Trabajad!
¡Esperad y velad!
¡Confiad! ¡Siempre orad!
Que el Maestro pronto volverá.
II
¡Trabajad! ¡Trabajad! Hay que dar de comer,
Al que pan de la vida quisiere tener;
Hay enfermos que irán a los pies del Señor,
Al saber que de balde los sana su amor.
III
¡Trabajad! ¡Trabajad! Fortaleza pedid,
El reinado del mal con valor combatid;
Conducid los cautivos al Libertador,
Y decid que de balde redime su amor.
¡Trabajad! ¡Trabajad! Somos siervos de Dios,
¡seguiremos la senda que el Maestro trazó!
Renovando las fuerzas con bienes que da,
El deber que nos toca cumplido será.
¡Trabajad! ¡Trabajad!
¡Esperad y velad!
¡Confiad! ¡Siempre orad!
Que el Maestro pronto volverá.
II
¡Trabajad! ¡Trabajad! Hay que dar de comer,
Al que pan de la vida quisiere tener;
Hay enfermos que irán a los pies del Señor,
Al saber que de balde los sana su amor.
III
¡Trabajad! ¡Trabajad! Fortaleza pedid,
El reinado del mal con valor combatid;
Conducid los cautivos al Libertador,
Y decid que de balde redime su amor.
Reflexión
Queridos hermanos y hermanas, hoy somos invitados a contemplar con el corazón la hermosa y desafiante tarea que se nos ha encomendado como siervos de Dios. Seguir la senda que nuestro Maestro trazó no es un camino de pasividad, sino un llamado activo y apasionado a trabajar en su obra. A menudo podemos sentirnos cansados por las exigencias cotidianas, pero el Señor mismo se encarga de renovar nuestras fuerzas con los bienes que nos da, permitiéndonos cumplir con gozo el deber que nos toca.
Este trabajo al que somos convocados se traduce en un servicio directo de amor y compasión hacia el prójimo. Se nos invita a levantar la mirada para ver la necesidad de quienes nos rodean. Hay personas hambrientas que anhelan recibir el pan de la vida y enfermos que necesitan ser conducidos con ternura a los pies del Señor. Qué hermoso es recordar que el amor de nuestro Salvador sana de balde, sin exigir nada a cambio. Nuestra misión es ser esos puentes de gracia que acercan a los afligidos a su presencia sanadora.
Asimismo, la labor requiere que pidamos fortaleza constantemente para combatir el mal con valor. No estamos solos en esta lucha; el Libertador nos capacita para guiar a los cautivos hacia la verdadera libertad, anunciando que su redención es un regalo gratuito de su inmenso amor.
Por eso, les invito hoy a renovar su fe y a hacer una aplicación personal de este mensaje en sus vidas. No desmayemos en la labor que Dios nos ha asignado. Mantengámonos esperando, velando, confiando y orando en todo tiempo, con la firme esperanza de que nuestro Maestro pronto volverá. Que cada día sea una oportunidad para trabajar con alegría, sabiendo que nuestro servicio refleja el amor gratuito de Dios para con el mundo.
Este trabajo al que somos convocados se traduce en un servicio directo de amor y compasión hacia el prójimo. Se nos invita a levantar la mirada para ver la necesidad de quienes nos rodean. Hay personas hambrientas que anhelan recibir el pan de la vida y enfermos que necesitan ser conducidos con ternura a los pies del Señor. Qué hermoso es recordar que el amor de nuestro Salvador sana de balde, sin exigir nada a cambio. Nuestra misión es ser esos puentes de gracia que acercan a los afligidos a su presencia sanadora.
Asimismo, la labor requiere que pidamos fortaleza constantemente para combatir el mal con valor. No estamos solos en esta lucha; el Libertador nos capacita para guiar a los cautivos hacia la verdadera libertad, anunciando que su redención es un regalo gratuito de su inmenso amor.
Por eso, les invito hoy a renovar su fe y a hacer una aplicación personal de este mensaje en sus vidas. No desmayemos en la labor que Dios nos ha asignado. Mantengámonos esperando, velando, confiando y orando en todo tiempo, con la firme esperanza de que nuestro Maestro pronto volverá. Que cada día sea una oportunidad para trabajar con alegría, sabiendo que nuestro servicio refleja el amor gratuito de Dios para con el mundo.