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Himno

trabajad! ¡trabajad! (2)

Esta bella canción habla de la dedicación de quienes trabajan al servicio de Dios, siguiendo el camino que el Maestro trazó. Su mensaje central es la perseverancia en la labor cotidiana, renovando energías con las bendiciones que Dios ofrece y sabiendo que, al cumplir su deber, se revela una esperanza: la pronta llegada del Maestro. La letra enfatiza la responsabilidad de dar alimento a los necesitados, sanar con amor y liberar a quienes están cautivos del mal, mostrando que la acción solidaria es parte de la fe. En conjunto, transmite que la vida cristiana es servicio activo, oración constante y confianza en una redención que se manifiesta en el cuidado verdadero por los demás.

Letra

¡Trabajad! ¡Trabajad! Somos siervos de Dios,
¡seguiremos la senda que el Maestro trazó!
Renovando las fuerzas con bienes que da,
El deber que nos toca cumplido será.

¡Trabajad! ¡Trabajad!
¡Esperad y velad!
¡Confiad! ¡Siempre orad!
Que el Maestro pronto volverá.

¡Trabajad! ¡Trabajad! Hay que dar de comer,
Al que pan de la vida quisiere tener;
Hay enfermos que irán a los pies del Señor,
Al saber que de balde los sana su amor.

¡Trabajad! ¡Trabajad! Fortaleza pedid,
El reinado del mal con valor combatid;
Conducid los cautivos al Libertador,
Y decid que de balde redime su amor.

Reflexión

Querido hermano y hermana, hoy resuena en nuestro corazón una invitación apremiante y llena de esperanza: ser siervos activos en la obra de Dios. Al contemplar la senda que nuestro Maestro ya trazó para nosotros, somos llamados a caminar por ella con decisión y alegría. No estamos solos en esta tarea; el Señor mismo renueva nuestras fuerzas día a día con los hermosos bienes que nos provee. Este llamado al trabajo diario no es una carga pesada, sino un privilegio de amor que nos impulsa a cumplir con el deber que nos ha sido confiado, sabiendo que cada pequeño esfuerzo tiene un valor eterno.

En este caminar, la constancia se alimenta de una actitud de fe profunda y expectante. Se nos invita a trabajar, pero también a esperar, velar, confiar y orar sin cesar. Esta labor vigilante adquiere un sentido glorioso al recordar la promesa de que el Maestro pronto volverá. Mientras aguardamos ese gran momento, nuestra vida se convierte en un testimonio vivo. La oración constante y la confianza plena en Dios son el motor que sostiene nuestro servicio, recordándonos que nuestra esperanza está bien fundamentada.

¿Cómo podemos aplicar este llamado en nuestra realidad? La respuesta que nos ofrece la letra es sumamente práctica y compasiva. Se nos llama a saciar el hambre de quienes buscan el pan de la vida y a guiar a los enfermos espirituales y físicos a los pies del Señor, compartiendo la maravillosa noticia de que su amor sana gratuitamente. Te invito hoy a pedir la fortaleza necesaria para combatir el mal con valor y a conducir a los cautivos de este mundo hacia el Libertador, quien redime de balde por su inmensa gracia. Abre tu corazón a esta hermosa misión, confía en su amor incondicional y permítele usar tu vida para ser un faro de esperanza y restauración para los demás.