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Himno

Todo En Todo Es Jesucristo. (2)

esta bella canción sitúa a Jesucristo como centro de la vida y del significado. A partir de la gracia recibida, la letra describe una liberación y una alegría que laten en el corazón, mostrando a Cristo como fuente de consuelo, paz y plenitud. El tema central es la experiencia de una relación íntima y constante con el Salvador, donde todo lo demás pierde relevancia ante su presencia. Se destaca la idea de que la belleza de la vida se encuentra en la comunión diaria con Él, en su sostén frente a la desilusión y en la satisfacción que disipa cualquier afán falaz. Es un mensaje de confianza, esperanza y libertad espiritual.

Letra

Pues la gracia de mi Señor y Rey,
Me compró y libertó,
En mi corazón hay alegre son,
De loor al Redentor.

Todo en todo es Jesucristo,
Más que el mundo para mí,
Es más bello que los lirios
O que una rosa carmesí.

El desierto en huerto Jesús tornó,
Con su flor de buen olor
Y como el rubí más precioso a mí,
Es mi amante Salvador.

Él me da solaz y descanso y paz,
En la dulce comunión,
Él vive en mi ser soy feliz doquier,
Llena Él mi corazón.

Al venir desdén Él es mi sostén,
Sustentado de Él yo voy,
No me encanta más el poder falaz,
Con Jesús saciado estoy.

Reflexión

Queridos hermanos y amigos, en el caminar de la vida, a menudo nos encontramos atravesando desiertos, momentos de sequedad donde las fuerzas parecen agotarse. Sin embargo, la hermosa realidad de nuestro Redentor es que, por su gracia, Él tiene el poder de transformar nuestra aridez. Su amor, que nos compró y nos libertó, es capaz de convertir el desierto en un huerto floreciente, lleno de un aroma grato y restaurador. Al contemplar esta obra en nuestras vidas, el corazón se llena de un alegre son de loor y gratitud.

Jesucristo se presenta ante nosotros como nuestro "todo en todo". En un mundo que constantemente nos ofrece un poder falaz que promete llenarnos pero nos deja vacíos, Jesús se revela como lo único verdaderamente valioso, más bello que los lirios o que una rosa carmesí, y más precioso que cualquier rubí. Cuando aprendemos a buscarle en una dulce comunión, hallamos en Él solaz, descanso y paz. Su presencia constante en nuestro ser llena cada rincón de nuestra existencia, permitiéndonos experimentar una felicidad que nos acompaña dondequiera que vayamos.

Hoy les invito a hacer una pausa y reflexionar en su vida personal. Cuando aparezcan las dificultades y el desdén de los demás intente derribarnos, recordemos que Jesús es nuestro sostén inquebrantable. No busquemos saciar nuestra alma en lo que el mundo ofrece; dejémonos saciar por nuestro amante Salvador. Les animo a abrir las puertas de su corazón a esta dulce comunión, permitiendo que su gracia libre y transformadora sea el centro de su existencia. Que podamos vivir confiados y sostenidos por Él, declarando con fe que Jesucristo es nuestro todo.