Saltar al contenido
Himno

Tengo Un Pastor

Esta canción presenta a Cristo como un Pastor cercano, tierno y poderoso, cuya presencia sostiene al creyente en toda circunstancia. Su mensaje central es la confianza en Jesús como fuente de consuelo, sanidad y fortaleza durante las luchas. La letra lo muestra calmando tempestades, apaciguando el mar y mitigando el pesar, tanto del cuerpo como del alma. También destaca su compañía constante frente al enemigo, de quien concede victoria y triunfo. El Pastor es descrito como admirable, amoroso y supremo bien, un Salvador que permanece al lado de quien atraviesa momentos de soledad, dolor o conflicto.

Letra

(I) Tengo un pastor que del alma ahuyenta el duelo,
Tengo un pastor cuyo nombre es sin igual;
Tengo un pastor que me imparte su consuelo,
Al verme solo en mis luchas contra el mal.

Tengo un Pastor, amante Pastor,
Mi tierno Pastor es Cristo.

(II) Tengo un Pastor que las tempestades calma,
Tengo un Pastor que apacigua el turbio mar;
Tengo un Pastor que me sana cuerpo y alma,
Y tiernamente mitiga mi pesar.

(III) Tengo un Pastor que derrota al enemigo,
Tengo un Pastor que victoria y triunfo da;
Tengo un Pastor que doquiera va conmigo,
Y en la lucha cruel ami lado siempre está.

(IV) Tengo un Pastor cuyo nombre es admirable,
Tengo un Pastor, rico don del Dios de amor;
Mi buen Pastor sobre todo es adorable,
Supremo bien es Jesús mi Salvador.

Reflexión

En el transcurrir de nuestra vida, a menudo nos encontramos enfrentando batallas silenciosas, momentos de profunda soledad y tempestades que parecen sacudir los cimientos de nuestra existencia. El dolor, el duelo del alma y el temor ante el mal que nos rodea pueden hacernos sentir desamparados. Sin embargo, en medio de esas luchas crueles, la hermosa certeza de que no estamos solos emerge como un bálsamo de paz. Contamos con un Pastor tierno y amante, cuyo nombre es sin igual, que no solo nos observa desde la distancia, sino que camina activamente a nuestro lado, ahuyentando la tristeza y trayendo un consuelo que renueva nuestras fuerzas.

Este buen Pastor, que es Jesús nuestro Salvador, se manifiesta en nuestra realidad con un poder restaurador incomparable. Cuando las aguas se tornan turbulentas y las tormentas de la vida amenazan con hundirnos, su presencia tiene la autoridad para calmar el mar embravecido y apaciguar nuestro ser. Él no se limita a mirar nuestras heridas; con infinita ternura sana tanto el cuerpo como el alma, mitigando cada pesar y transformando el sufrimiento en un testimonio de su cuidado. Al ser el don más rico del Dios de amor, su protección es completa: nos defiende frente al enemigo, nos concede la victoria en la adversidad y nos asegura que, dondequiera que vayamos, su compañía constante está garantizada.

Hoy, la invitación para cada uno de nosotros es a depositar nuestra total confianza en este Pastor admirable y adorable. Si te encuentras en medio de una lucha difícil, si el dolor nubla tu vista o si te sientes cansado de batallar en tus propias fuerzas, te animo a abrir el corazón a su tierno cuidado. Permítele ser tu supremo bien. Entrega en sus manos tus tormentas y temores, y permítele sanar tus heridas más profundas. Al dar este paso de fe, experimentarás la seguridad inquebrantable de marchar de la mano de Aquel que nunca nos abandona y que siempre está a nuestro lado para darnos la victoria.