Te Sientes Casi?
Esta bella canción presenta una invitación urgente a tomar una decisión completa respecto a Jesucristo. Su tema central es el peligro de permanecer “casi” convencido, “casi” resuelto o dispuesto a seguirlo solo en el futuro. La letra insiste en que el momento de responder es hoy, porque posponer la decisión puede conducir a un desenlace demasiado tarde. También subraya que una fe incompleta no tiene valor ante el justo juez y advierte con solemnidad sobre quien muere creyendo apenas. Con un tono directo y exhortativo, el himno llama a vencer la indecisión y acudir plenamente a Cristo.
Letra
I
¿Te sientes casi resuelto ya?
¿Te falta poco para creer?
Pues, ¿por qué dices a Jesucristo
«Hoy no, mañana te seguiré»
II
¿Te sientes casi resuelto ya?
Pues vence el casi y a Cristo ven,
Que hoy es tiempo, pero mañana
Sobrado tarde pudiera ser.
III
Sabe que el casi no es de valor
En la presencia del justo juez.
¡Ay del que muere casi creyendo!
¡completamente perdido es!
¿Te sientes casi resuelto ya?
¿Te falta poco para creer?
Pues, ¿por qué dices a Jesucristo
«Hoy no, mañana te seguiré»
II
¿Te sientes casi resuelto ya?
Pues vence el casi y a Cristo ven,
Que hoy es tiempo, pero mañana
Sobrado tarde pudiera ser.
III
Sabe que el casi no es de valor
En la presencia del justo juez.
¡Ay del que muere casi creyendo!
¡completamente perdido es!
Reflexión
A veces puedo sentir que ya estoy cerca: casi resuelto, casi dispuesto, casi listo para creer. Puedo reconocer que Jesucristo me llama y, aun así, responderle: «Hoy no; mañana te seguiré». Ese “casi” parece una decisión, pero en realidad puede convertirse en una manera de posponer lo esencial. Me hace pensar que avanzaré después, mientras dejo pasar el momento que tengo delante.
Esta letra me invita a mirar con sinceridad mi corazón. ¿Qué significa para mí estar casi resuelto? Tal vez sé lo que debo hacer, comprendo que Cristo merece mi vida y percibo su llamado, pero continúo aplazando la respuesta. El “casi” puede sentirse seguro porque evita el rechazo abierto, pero tampoco me lleva a seguir a Jesús. Es como permanecer en el umbral de una puerta: puedo contemplar lo que hay al otro lado, pero mientras no entre, sigo afuera.
Por eso, hoy se te llama a vencer el “casi”. No se trata de confiar en mis buenas intenciones ni en la promesa de que mañana tendré otra oportunidad. La letra me recuerda con seriedad que el mañana no está en mis manos y que una fe incompleta no puede reemplazar una entrega verdadera. Hay decisiones que no deben quedar suspendidas indefinidamente.
Puedo detenerme ahora y preguntarme: ¿estoy siguiendo realmente a Jesucristo o solamente pensando en hacerlo? Si mi respuesta ha sido repetidamente “después”, hoy puedo abandonar la demora y acercarme a Él con honestidad. No necesito esconder mi indecisión; puedo reconocerla y dar el paso que he estado posponiendo.
Que mi vida no se quede en la frontera del “casi”. Que mi respuesta sea plena, consciente y presente. Hoy es el tiempo de acudir a Cristo; hoy puedo dejar de aplazarlo y comenzar a seguirle de verdad.
Esta letra me invita a mirar con sinceridad mi corazón. ¿Qué significa para mí estar casi resuelto? Tal vez sé lo que debo hacer, comprendo que Cristo merece mi vida y percibo su llamado, pero continúo aplazando la respuesta. El “casi” puede sentirse seguro porque evita el rechazo abierto, pero tampoco me lleva a seguir a Jesús. Es como permanecer en el umbral de una puerta: puedo contemplar lo que hay al otro lado, pero mientras no entre, sigo afuera.
Por eso, hoy se te llama a vencer el “casi”. No se trata de confiar en mis buenas intenciones ni en la promesa de que mañana tendré otra oportunidad. La letra me recuerda con seriedad que el mañana no está en mis manos y que una fe incompleta no puede reemplazar una entrega verdadera. Hay decisiones que no deben quedar suspendidas indefinidamente.
Puedo detenerme ahora y preguntarme: ¿estoy siguiendo realmente a Jesucristo o solamente pensando en hacerlo? Si mi respuesta ha sido repetidamente “después”, hoy puedo abandonar la demora y acercarme a Él con honestidad. No necesito esconder mi indecisión; puedo reconocerla y dar el paso que he estado posponiendo.
Que mi vida no se quede en la frontera del “casi”. Que mi respuesta sea plena, consciente y presente. Hoy es el tiempo de acudir a Cristo; hoy puedo dejar de aplazarlo y comenzar a seguirle de verdad.