Solo Hay Un Dios
esta hermosa canción se sumerge en la profunda verdad de que solo hay un Dios y que Jesucristo es la plenitud de esa divinidad revelada entre el Padre y el Hijo. Exalta la idea de un mediador único entre Dios y la humanidad, y afirma la identidad divina de Jesús a través de sus obras y su presencia. La letra invita a reconocer que lo visible y lo invisible convergen en una misma realidad: el amor que se da por la salvación de todos. A través de un lenguaje sencillo, el mensaje central llama a la fe en la clara revelación de Dios en Jesucristo y en la liberadora gracia que nos salva. Es una invitación a confiar plenamente en esa unión divina.
Letra
Dios entró en el mundo como Hijo,
Dice en Isaías nueve, verso seis.
Él mismo se dió por mis pecados;
Ahora yo comprendo que Jesús es Jehová.
Hay un solo Dios y un solo mediador;
Jesucristo mismo es Dios, y El mismo,
Mediador;
Solo hay un Dios, solo hay un Dios,
El padre y Jesús el mismo son.
Fue Felipe quien le preguntó
Muéstranos al Padre y nos basta;
Tanto tiempo que estoy con vosotros
Y no me has conocido porque Yo Soy el que Soy.
El que me ha visto, ha visto al Padre,
Muéstranos al Padre dices tú;
No crees que Yo soy el Padre,
Creedme por las obras que Yo mismo Soy.
Dice en Hebreos dos, catorce,
Que los hijos son de carne y sangre;
El participó también de aquello,
Y el profeta dijo: Jehová nos salvará.
Dice en Isaías nueve, verso seis.
Él mismo se dió por mis pecados;
Ahora yo comprendo que Jesús es Jehová.
Hay un solo Dios y un solo mediador;
Jesucristo mismo es Dios, y El mismo,
Mediador;
Solo hay un Dios, solo hay un Dios,
El padre y Jesús el mismo son.
Fue Felipe quien le preguntó
Muéstranos al Padre y nos basta;
Tanto tiempo que estoy con vosotros
Y no me has conocido porque Yo Soy el que Soy.
El que me ha visto, ha visto al Padre,
Muéstranos al Padre dices tú;
No crees que Yo soy el Padre,
Creedme por las obras que Yo mismo Soy.
Dice en Hebreos dos, catorce,
Que los hijos son de carne y sangre;
El participó también de aquello,
Y el profeta dijo: Jehová nos salvará.
Reflexión
Querido hermano y hermana, hoy te invito a detenerte un momento y a contemplar el misterio de amor más grande que el mundo ha conocido. A veces, en nuestro caminar diario, podemos sentirnos distantes de Dios, buscando respuestas en el viento o esperando una señal extraordinaria. Sin embargo, la verdad que transforma el corazón es que aquel Dios eterno, de quien el profeta dijo que nos salvaría, decidió entrar en el mundo como Hijo. Él no se quedó en la distancia, sino que participó de nuestra carne y sangre, haciéndose como nosotros para entregarse por nuestros pecados. Al mirar a Jesús, descubrimos que no estamos ante un simple maestro, sino ante Jehová mismo, quien se hizo visible por amor a ti y a mí.
Es común que, al igual que el discípulo Felipe, nuestro corazón cansado clame en la intimidad: «Muéstranos al Padre y nos basta». En medio de nuestras dudas, anhelamos ver el rostro divino. Y la respuesta de Jesús sigue resonando hoy con una calidez entrañable: «Tanto tiempo que estoy con vosotros, ¿y no me has conocido?». Qué hermoso es comprender que el que ha visto a Jesús, ha visto al Padre. No hay división en su amor; el Padre y Jesús el mismo son. Él es el único Dios y el único mediador que se acerca para restaurar nuestra vida, revelándose como el gran «Yo Soy el que Soy».
Te invito hoy a abrazar esta maravillosa certeza con fe. Deja que la verdad de que Jesús es tu Salvador y tu Dios inunde cada rincón de tu existencia. Cuando te sientas abrumado por tus faltas, recuerda que Aquel que se dio a sí mismo por ti es el mismo Dios que sostiene el universo. Cree en Él por las obras que ha hecho y sigue haciendo en tu vida. Permite que su presencia te dé la paz de saber que estás en las manos del único Dios, quien se hizo hombre para estar siempre a tu lado.
Es común que, al igual que el discípulo Felipe, nuestro corazón cansado clame en la intimidad: «Muéstranos al Padre y nos basta». En medio de nuestras dudas, anhelamos ver el rostro divino. Y la respuesta de Jesús sigue resonando hoy con una calidez entrañable: «Tanto tiempo que estoy con vosotros, ¿y no me has conocido?». Qué hermoso es comprender que el que ha visto a Jesús, ha visto al Padre. No hay división en su amor; el Padre y Jesús el mismo son. Él es el único Dios y el único mediador que se acerca para restaurar nuestra vida, revelándose como el gran «Yo Soy el que Soy».
Te invito hoy a abrazar esta maravillosa certeza con fe. Deja que la verdad de que Jesús es tu Salvador y tu Dios inunde cada rincón de tu existencia. Cuando te sientas abrumado por tus faltas, recuerda que Aquel que se dio a sí mismo por ti es el mismo Dios que sostiene el universo. Cree en Él por las obras que ha hecho y sigue haciendo en tu vida. Permite que su presencia te dé la paz de saber que estás en las manos del único Dios, quien se hizo hombre para estar siempre a tu lado.