Sembraré
Esta hermosa canción habla de una vida dedicada a sembrar el mensaje del evangelio. El tema central es la fidelidad del creyente: sembrar amor, perdón y la palabra de Dios sin mirar resultados, dejando todo en las manos del Señor. El cántico describe sembrar en corazones sensibles, para que otros sean bendidos por la gracia, y también en “corazones de mármol”, señalando que la semilla del evangelio puede atravesar incluso la resistencia. En cada verso se afirma la continuidad del acto de sembrar mientras se vive, con la certeza de que el crecimiento y la cosecha pertenecen a Dios. El mensaje invita a perseverar, confiando en la obra redentora que solo Él puede dar.
Letra
I
Sembraré la simiente preciosa,
Del glorioso evangelio de amor,
Sembraré, sembraré mientras viva,
Dejaré el resultado al Señor.
Sembraré, sembraré;
Mientras viva, simiente de amor.
Segaré, Segaré,
Al hallarme en la casa de Dios.
II
Sembraré en corazones sensibles,
La doctrina del Dios de perdón;
Sembraré, sembraré mientras viva,
Dejaré el resultado al Señor.
III
Sembraré en corazones de mármol,
La bendita palabra de Dios;
Sembraré, sembraré mientras viva,
Dejaré el resultado al Señor.
Sembraré la simiente preciosa,
Del glorioso evangelio de amor,
Sembraré, sembraré mientras viva,
Dejaré el resultado al Señor.
Sembraré, sembraré;
Mientras viva, simiente de amor.
Segaré, Segaré,
Al hallarme en la casa de Dios.
II
Sembraré en corazones sensibles,
La doctrina del Dios de perdón;
Sembraré, sembraré mientras viva,
Dejaré el resultado al Señor.
III
Sembraré en corazones de mármol,
La bendita palabra de Dios;
Sembraré, sembraré mientras viva,
Dejaré el resultado al Señor.
Reflexión
La vida de fe es un hermoso y constante caminar donde somos llamados a ser portadores de esperanza. Las inspiradoras palabras del himno "Sembraré" nos invitan a reflexionar sobre nuestra misión diaria: esparcir la preciosa simiente del glorioso evangelio de amor en cada rincón de nuestra existencia. Esta tarea no es una carga, sino un privilegio que nos impulsa a compartir activamente la doctrina del Dios de perdón y su bendita palabra mientras tengamos vida, con la certeza de que cada semilla depositada tiene un valor eterno.
En nuestro caminar, nos encontraremos con diversos terrenos. Habrá momentos donde sembraremos en corazones sensibles, listos y dispuestos a recibir el mensaje con alegría. En otras ocasiones, nos enfrentaremos a la dureza de corazones de mármol, donde el terreno parece estéril y difícil. Sin embargo, la sabiduría de esta alabanza nos regala una profunda paz al recordarnos que el crecimiento no depende de nuestras fuerzas. Nuestra única labor es sembrar con amor, constancia y dedicación, entregando con total confianza el resultado en las manos del Señor. Él es quien cuida de la semilla y conoce el tiempo de cada corazón.
Te invito hoy a abrazar esta verdad en tu vida personal. No te canses de hacer el bien, de ofrecer palabras de reconciliación y de manifestar el amor de Dios a quienes te rodean. Aunque a veces parezca que el esfuerzo es en vano o que la dureza del entorno es mayor, mantén la fe. La promesa final es reconfortante: llegará el día en que, al hallarnos en la casa de Dios, segaremos con regocijo los frutos de lo que hoy sembramos con paciencia. Dedica tu vida a ser un sembrador incansable, descansa en la fidelidad del Señor y permite que tu andar diario sea un reflejo de su infinito amor.
En nuestro caminar, nos encontraremos con diversos terrenos. Habrá momentos donde sembraremos en corazones sensibles, listos y dispuestos a recibir el mensaje con alegría. En otras ocasiones, nos enfrentaremos a la dureza de corazones de mármol, donde el terreno parece estéril y difícil. Sin embargo, la sabiduría de esta alabanza nos regala una profunda paz al recordarnos que el crecimiento no depende de nuestras fuerzas. Nuestra única labor es sembrar con amor, constancia y dedicación, entregando con total confianza el resultado en las manos del Señor. Él es quien cuida de la semilla y conoce el tiempo de cada corazón.
Te invito hoy a abrazar esta verdad en tu vida personal. No te canses de hacer el bien, de ofrecer palabras de reconciliación y de manifestar el amor de Dios a quienes te rodean. Aunque a veces parezca que el esfuerzo es en vano o que la dureza del entorno es mayor, mantén la fe. La promesa final es reconfortante: llegará el día en que, al hallarnos en la casa de Dios, segaremos con regocijo los frutos de lo que hoy sembramos con paciencia. Dedica tu vida a ser un sembrador incansable, descansa en la fidelidad del Señor y permite que tu andar diario sea un reflejo de su infinito amor.