Según Tu Dicho Al Expirar
Esta bella canción expresa una profunda memoria agradecida hacia Jesús, contemplado como Redentor y Señor. Su mensaje central es mantener vivo el recuerdo de su dolor, su entrega y su amor, especialmente mediante la imagen del cuerpo herido como alimento espiritual y la copa como signo de amor. La letra presenta la gratitud como una actitud constante, capaz de acompañar al creyente durante toda su vida, incluso en los momentos de debilidad y al acercarse la muerte. Finalmente, el canto se convierte en una súplica confiada: así como quien canta promete recordar a Jesús, le pide que también se acuerde de él en la gloria eterna.
Letra
I
Según tu dicho al expirar
Que en gratitud oí,
Me acordaré mi Redentor,
Me acordaré de ti.
II
Tu cuerpo herido a mi alma es
Divino pan aquí,
Y con la copa de tu amor,
Me acordaré de Ti.
III
Me acordaré de tu dolor,
Y de tu amor por mí,
Y mientras viva ¡Oh, mi Señor,
Me acordaré de Ti!
IV
Y cuando desfallezca al fin
Y llegue a sucumbir
Jesús, que en gloria eterna estás,
Acuérdate de mí.
Según tu dicho al expirar
Que en gratitud oí,
Me acordaré mi Redentor,
Me acordaré de ti.
II
Tu cuerpo herido a mi alma es
Divino pan aquí,
Y con la copa de tu amor,
Me acordaré de Ti.
III
Me acordaré de tu dolor,
Y de tu amor por mí,
Y mientras viva ¡Oh, mi Señor,
Me acordaré de Ti!
IV
Y cuando desfallezca al fin
Y llegue a sucumbir
Jesús, que en gloria eterna estás,
Acuérdate de mí.
Reflexión
Hay momentos en que la fe no necesita muchas palabras, sino una memoria despierta y agradecida. Esta letra te invita a permanecer cerca de Jesús recordándolo: su dolor, su cuerpo herido, su amor entregado por ti. No se trata de un recuerdo frío o distante, como quien guarda una imagen del pasado, sino de una memoria que toca el corazón y transforma la manera de vivir.
Cuando dices: “Me acordaré de ti”, estás reconociendo que tu vida necesita volver una y otra vez al amor de Cristo. En medio de tus ocupaciones, tus alegrías, tus luchas y tus cansancios, puedes detenerte interiormente y recordar que no estás llamado a vivir desde el olvido, la indiferencia o la autosuficiencia. El amor que contemplas en Jesús puede convertirse en alimento para tu alma, en una copa de consuelo y esperanza para continuar.
También hay una invitación a recordar con gratitud. La letra no se queda solamente en el dolor de Jesús, sino que une ese dolor con su amor por ti. Así, mirar su entrega no busca hundirte en la tristeza, sino despertar en ti una respuesta: vivir con un corazón agradecido, más atento, más dispuesto a amar y a permanecer fiel.
Quizá hoy te sientas débil, confundido o distante. Aun entonces puedes comenzar con una oración sencilla: “Señor, quiero acordarme de ti”. Repite estas palabras cuando te falten fuerzas, cuando el temor te cierre el camino o cuando necesites recuperar el sentido de tu esperanza. Recordarlo puede ser como encender una pequeña luz en una habitación oscura: no elimina de inmediato todas las dificultades, pero te ayuda a caminar.
Y cuando pienses en tu propia fragilidad, escucha la súplica final: “Acuérdate de mí”. Puedes presentarte ante Jesús tal como eres, confiando en que tu vida está delante de él. Que su amor permanezca en tu memoria y que, mientras vivas, ese recuerdo se convierta en fe, gratitud y entrega.
Cuando dices: “Me acordaré de ti”, estás reconociendo que tu vida necesita volver una y otra vez al amor de Cristo. En medio de tus ocupaciones, tus alegrías, tus luchas y tus cansancios, puedes detenerte interiormente y recordar que no estás llamado a vivir desde el olvido, la indiferencia o la autosuficiencia. El amor que contemplas en Jesús puede convertirse en alimento para tu alma, en una copa de consuelo y esperanza para continuar.
También hay una invitación a recordar con gratitud. La letra no se queda solamente en el dolor de Jesús, sino que une ese dolor con su amor por ti. Así, mirar su entrega no busca hundirte en la tristeza, sino despertar en ti una respuesta: vivir con un corazón agradecido, más atento, más dispuesto a amar y a permanecer fiel.
Quizá hoy te sientas débil, confundido o distante. Aun entonces puedes comenzar con una oración sencilla: “Señor, quiero acordarme de ti”. Repite estas palabras cuando te falten fuerzas, cuando el temor te cierre el camino o cuando necesites recuperar el sentido de tu esperanza. Recordarlo puede ser como encender una pequeña luz en una habitación oscura: no elimina de inmediato todas las dificultades, pero te ayuda a caminar.
Y cuando pienses en tu propia fragilidad, escucha la súplica final: “Acuérdate de mí”. Puedes presentarte ante Jesús tal como eres, confiando en que tu vida está delante de él. Que su amor permanezca en tu memoria y que, mientras vivas, ese recuerdo se convierta en fe, gratitud y entrega.