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Himno

Seguir Luchando

esta bella canción habla de la lucha cotidiana y de la fe que sostiene en medio de las pruebas. Su mensaje central es la perseverancia: aunque el camino se vuelva duro y aparezcan dudas, la esperanza se mantiene viva al confiar en Cristo y en su ayuda. La letra invita a no rendirse, a seguir luchando con valentía hasta alcanzar un lugar de paz perfecta. Se destaca la promesa de una recompensa eterna, una mansión y una corona en la eternidad, donde ya no habrá pesar. En definitiva, transmite que la verdadera fortaleza nace de la certeza de que hay un propósito divino que guía y espera al creyente al final del camino.

Letra

A veces las pruebas nos quieren oprimir,
A veces deseamos mejor no seguir.
Con tantos problemas que acechan aquí,
No sé lo que pienso: vivir o morir.
Pensando en que Cristo me ha de ayudar;
A seguir luchando hasta llegar.
Hay que seguir luchando hasta llegar
A ese lugar donde no habrá pesar;
Seamos valientes hasta llegar a la mansión de Dios.
Hay que seguir luchando mi hermano,
Porque mi Cristo nos espera allá.
Donde tendremos una corona,
Allá en la eternidad.

Reflexión

Querido hermano, hay días en los que el camino se vuelve tan empinado y las cargas tan pesadas que el desaliento intenta adueñarse de nuestro corazón. Es humano y comprensible que, ante las pruebas constantes y los problemas que nos acechan a diario, sintamos que nuestras fuerzas se agotan por completo. A veces, la opresión es tan intensa que surge el deseo de no continuar, y en la intimidad de nuestra alma nos encontramos debatiéndonos en una profunda incertidumbre sobre el sentido de la vida misma. Si hoy te encuentras en ese momento de cansancio y dolor, quiero decirte con mucho respeto y cariño que tu sentir no es invisible.

Sin embargo, precisamente en medio de esa densa oscuridad, se enciende una luz de esperanza cuando recordamos que Cristo está a nuestro lado para ayudarnos. Al desviar la mirada de los problemas y enfocar nuestro pensamiento en su auxilio, la perspectiva cambia. No estamos solos en esta batalla. Su presencia constante es el motor que nos impulsa a seguir luchando, dándonos el valor necesario para dar un paso más, incluso cuando sentimos que ya no podemos avanzar.

Esta lucha diaria tiene un propósito y un destino glorioso. Nos dirigimos hacia aquel lugar especial donde no habrá más pesar, tristeza ni dolor. Nos espera la mansión de Dios, un hogar eterno donde nuestro Salvador aguarda con los brazos abiertos para darnos la bienvenida y entregarnos una corona en la eternidad. Pensar en ese reencuentro nos recuerda que cada lágrima y cada esfuerzo en la tierra valdrán la pena.

Por eso, te invito hoy a renovar tu fe y a no rendirte. Seamos valientes, mi hermano, y sigamos luchando con la certeza de que Cristo nos sostiene y nos espera al final del camino. Abre tu corazón a su ayuda hoy mismo y camina con la mirada puesta en la promesa de la eternidad.