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Himno

Sé Que Son Verdaderas Sus Promesas

Esta bella canción expresa una profunda certeza en las promesas de Dios y en su amor ofrecido a toda la humanidad. La letra presenta a una persona que reconoce haber estado perdida y esclavizada por su maldad, pero que encontró esperanza al creer en la promesa de vida eterna. El mensaje central es que todo aquel que confía en Dios puede recibir perdón, limpieza y redención. La experiencia del creyente pasa de la tristeza y el extravío a una alegría plena, nacida de saberse salvado. Por ello, la canción concluye con gratitud y alabanza hacia Dios por la vida eterna concedida.

Letra

I
Dios de tal manera al mundo amó
Que a su Hijo entregó,
Para que todo aquel que crea
Eterna vida hallará.

¡Oh, sí! es una verdad,
Lo que prometió nuestro Dios;
Lo creí, lo probé y estoy cierto
Que es verdad lo que Él prometió.

II
Perdido era yo, vagando doquier,
Esclavo de mi maldad
Hasta que oyó feliz mi serEsta promesa eternal.

III
El «todo aquel» de mi Salvador
Confié que era para mí,
Y Él me lavó de mi maldad
Desde que en Él creí.

IV
y ahora mi ser, rebosa feliz
La vida eterna que Él dio.
Por eso yo le alabo aquí
Porque mi alma redimió.

Reflexión

Tal vez hoy te sientes perdido, caminando sin rumbo y cargando el peso de tus propias faltas. Esta letra te recuerda que no eres invisible para Dios. Su amor alcanzó al mundo y se manifestó en una promesa: entregar a su Hijo para que todo aquel que crea reciba vida eterna. Ese “todo aquel” también te incluye a ti.

La promesa no se presenta como una idea distante ni como algo reservado para personas perfectas. El testimonio de quien canta es claro: estaba perdido, vagaba y era esclavo de su maldad, pero oyó esta promesa y confió en ella. Al creer, experimentó el perdón y la limpieza de su vida. No tuvo que llegar primero con méritos propios; se acercó confiando, y encontró en Dios una verdad firme.

Quizá has escuchado muchas palabras que no se cumplieron y por eso te cuesta confiar. Sin embargo, aquí se afirma con convicción: “Lo creí, lo probé y estoy cierto”. La fe no aparece solamente como una afirmación repetida, sino como una confianza que puede transformar el interior. Te invita a dejar de mirar únicamente tu culpa, tu confusión o tus fracasos, y a descansar en lo que Dios ha prometido.

Hoy puedes preguntarte con sinceridad: ¿he recibido esta promesa como algo personal? El “todo aquel” no es una frase general sin rostro; puede tocar tu historia, tu necesidad y tu corazón. Acércate a Dios con humildad, reconoce aquello que te esclaviza y confía en su Hijo. La letra afirma que quien creyó fue lavado de su maldad y recibió una vida nueva, llena de esperanza.

Si has experimentado esa gracia, no la guardes en silencio. Deja que tu vida rebose gratitud y que tu alabanza nazca de la certeza de haber sido redimido. Y si aún estás buscando, da hoy ese paso de confianza: la promesa de Dios puede convertirse también en tu alegría.