Quiero Vivir, Ayúdame
esta bella canción habla de buscar vida verdadera en Dios y de la confianza en Jesús como compañero inseparable. La voz se presenta pidiendo ayuda para vivir, aferrándose a la mano del Señor
Letra
Quiero vivir ¡ayúdame!,
En tu mano Oh Señor,
Quiero estar siempre en tus brazos,
Brazos de amor.
Como árbol arraigado
En la palabra de Dios,
Que da fruto al caminante
Y sombra al andar.
Quiero Señor Jesús
Que cuentes conmigo,
Quiero contar contigo,
Por el pacto de amor
Que hiciste Tú conmigo,
Cuando en la cruz morías;
Tú eres mi buen amigo,
Por Ti podré vivir.
No quiero ser como las hojas,
Arrastradas por el viento;
Mi esperanza es tener vida,
Vida eternal;
Ni los ríos, ni las nubes
Lograrán que me desvíe
De la meta que he trazado
Que es Cristo Jesús.
En tu mano Oh Señor,
Quiero estar siempre en tus brazos,
Brazos de amor.
Como árbol arraigado
En la palabra de Dios,
Que da fruto al caminante
Y sombra al andar.
Quiero Señor Jesús
Que cuentes conmigo,
Quiero contar contigo,
Por el pacto de amor
Que hiciste Tú conmigo,
Cuando en la cruz morías;
Tú eres mi buen amigo,
Por Ti podré vivir.
No quiero ser como las hojas,
Arrastradas por el viento;
Mi esperanza es tener vida,
Vida eternal;
Ni los ríos, ni las nubes
Lograrán que me desvíe
De la meta que he trazado
Que es Cristo Jesús.
Reflexión
En los momentos en que la vida nos desafía y sentimos que nuestras fuerzas flaquean, surge desde lo más profundo del alma un clamor sincero y humilde: "Quiero vivir, ¡ayúdame!". Esta súplica no es un grito de desesperación, sino un acto de entrega voluntaria en las manos del Señor. Nos invita a buscar refugio constante en sus brazos de amor, reconociendo que no fuimos creados para caminar en soledad, sino para sostenernos en la calidez de su presencia. Es allí, bajo su tierno cuidado, donde encontramos el verdadero sentido de la existencia y la seguridad que tanto anhela nuestro corazón.
La fe nos llama a ser como ese árbol firmemente arraigado en la palabra de Dios. Al nutrirnos de su verdad, no solo encontramos estabilidad personal, sino que nos convertimos en un canal de bendición para los demás, ofreciendo un fruto reconfortante al caminante y una sombra protectora en medio de las dificultades del andar diario. Esta vida fructífera nace de una relación de reciprocidad y de un pacto de amor inquebrantable, sellado en la cruz por nuestro buen amigo Jesús. Él ya dio el primer paso al morir por nosotros; ahora nos corresponde responder con un corazón dispuesto que le diga: "Señor, quiero que cuentes conmigo, así como yo sé que cuento contigo". Por su sacrificio, hoy tenemos la certeza de que podremos vivir plenamente.
Te invito a tomar hoy una decisión firme en tu caminar. No permitas que tu vida sea como las hojas secas, arrastradas sin rumbo por el viento de las circunstancias. Que tu esperanza esté puesta firmemente en la promesa de la vida eterna. Con los ojos fijos en la meta, que es Cristo Jesús, puedes avanzar con la seguridad de que ni las corrientes de los ríos ni la oscuridad de las nubes lograrán desviarte de tu propósito. Te animo a renovar tu fe, a aferrarte a sus brazos de amor y a caminar con la certeza de que, de la mano de tu Salvador, tu camino estará lleno de vida y dirección.
La fe nos llama a ser como ese árbol firmemente arraigado en la palabra de Dios. Al nutrirnos de su verdad, no solo encontramos estabilidad personal, sino que nos convertimos en un canal de bendición para los demás, ofreciendo un fruto reconfortante al caminante y una sombra protectora en medio de las dificultades del andar diario. Esta vida fructífera nace de una relación de reciprocidad y de un pacto de amor inquebrantable, sellado en la cruz por nuestro buen amigo Jesús. Él ya dio el primer paso al morir por nosotros; ahora nos corresponde responder con un corazón dispuesto que le diga: "Señor, quiero que cuentes conmigo, así como yo sé que cuento contigo". Por su sacrificio, hoy tenemos la certeza de que podremos vivir plenamente.
Te invito a tomar hoy una decisión firme en tu caminar. No permitas que tu vida sea como las hojas secas, arrastradas sin rumbo por el viento de las circunstancias. Que tu esperanza esté puesta firmemente en la promesa de la vida eterna. Con los ojos fijos en la meta, que es Cristo Jesús, puedes avanzar con la seguridad de que ni las corrientes de los ríos ni la oscuridad de las nubes lograrán desviarte de tu propósito. Te animo a renovar tu fe, a aferrarte a sus brazos de amor y a caminar con la certeza de que, de la mano de tu Salvador, tu camino estará lleno de vida y dirección.