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Himno

Quiero Llegar

Autor
Edgar Devia
Intérprete
Duo Hermanos Devia

Esta canción expresa una oración de confianza y dependencia en Dios frente a las tentaciones, la maldad y las pruebas de la vida. La persona que canta reconoce que puede sentirse débil e incapaz de luchar cuando está sola, por eso pide al Señor que permanezca a su lado, la sostenga y no permita que caiga en el mal. El mensaje central es que la guía, el amor y la fortaleza divina ayudan a avanzar por caminos de bien y paz hasta alcanzar la meta anhelada: una mansión de gozo y paz. La letra también transmite esperanza, gracia y consuelo en medio del desánimo.

Letra

Acude, Señor, junto a mí,
No sea confundido jamás;
Los malos quieren que mi vida por siempre
Sea hundida en el fango del mal.
Pero sé que Tú me guiarás
Por sendas de bien y de paz;
Tomando mi mano llevarás mi alma
Hasta mi objetivo alcanzar.

Yo soy de ti: No me dejes caer en el mal.
Si solo estoy, no me siento capaz de luchar;
Ayúdame, quiero llegar
A la mansión de gozo y paz.

A veces siento desmayar
A causa de tanta maldad;
Las pruebas llegan a mi vida
Y siento enseguida la fuerza del mal.
Pero en ese instante tu amor
Me da fortaleza y valor
Y siento en mi alma corrientes de vida
De gracia y de eterno solaz.

Reflexión

La letra expresa el clamor de una persona que reconoce su fragilidad y busca la cercanía del Señor. No oculta que existen influencias y caminos que pueden hundir la vida en el mal, ni niega que las pruebas produzcan cansancio y desánimo. Sin embargo, en medio de esa lucha aparece una certeza: Dios puede guiar, sostener y conducir por sendas de bien y de paz. Esta confianza no nace de sentirse fuerte, sino de saber que, aun cuando uno se siente incapaz de luchar, no está solo.

Hay una oración muy sencilla y profunda en el deseo: “Acude, Señor, junto a mí”. Quien la pronuncia reconoce que necesita ayuda para no caer. También afirma una pertenencia: “Yo soy de ti”. Estas palabras invitan a revisar el corazón y preguntarnos dónde estamos buscando seguridad cuando llegan la tentación, la tristeza o la presión del mal. La fe no consiste en negar las dificultades, sino en enfrentarlas buscando la mano de Dios y confiando en su amor.

La imagen de ser tomado de la mano transmite cercanía y acompañamiento. El Señor no aparece distante, sino presente para fortalecer el alma y ayudarla a avanzar hacia el objetivo anhelado: una mansión de gozo y paz. Cuando la persona siente que va a desmayar, el amor de Dios renueva sus fuerzas y hace brotar en su interior vida, gracia y consuelo.

Hoy podemos hacer nuestra esta oración. Presentemos al Señor aquello que nos debilita, las decisiones en las que tememos caer y las pruebas que nos roban valor. Digámosle con sinceridad que no nos sentimos capaces de luchar solos y pidámosle que nos guíe por sendas de bien. Luego, con humildad y esperanza, demos el siguiente paso, confiando en que su amor puede sostenernos hasta llegar a la paz que anhela nuestra alma.