Quédate en Mi Casa
- Autor
- Eduber Ascanio
Esta hermosa canción transmite una invitación íntima a experimentar la presencia y el amor divino en lo cotidiano. A través de imágenes de visitas y compañía, la letra propone que la relación con lo sagrado no es un evento aislado, sino una presencia que desea habitar cada día en el hogar y en el corazón. El tema central es la apertura total: permitir que la gracia y la gloria lleguen y transformen la vida, desbordando gozo, risa y lágrimas de felicidad. El mensaje es claro: si alguien quiere quedarse, que sea en lo profundo de la existencia, en un espacio de amor eterno que cambia todo lo que toca.
Letra
Abraham fue amigo de Dios
Dios amigo de Abraham
Dios halló gracia en Él
Manoa le invitó a comer
Después que Dios le habló
También a la mujer
Jesús visitó, la casa de Zaqueo
Y yo tengo hoy ese mismo deseo
Te invito A quedarte
en mi casa,
cada día más
Te invito A que
mores en ella,
por la eternidad
Sí piensas quedarte
en alguien, quédate en mi
Si buscas un corazón,
el mío está aquí
Lo más grande que a mi
Hoy me pueda pasar
Es sentirte en mi ser
Para mí No hay
con que comparar
Ese gozo especial
Que le das a mi ser
Cuando tú poder
Llega a un corazón
Algo especial
Tiene que suceder
Se canta, se ríe,
se llora De felicidad
Cuando tú gloria divina
Comienza a llegar
Es lo más grande que a
un hombre puede suceder
Sentir la gloria de Cristo
en todo su ser
Yo te invito a quedarte
en mi vida cada día más
Te invito qué mores
en ella por la eternidad
Sí piensas quedarte en
alguien quédate en mi
Sí buscas un corazón
el mío está aquí
Dios amigo de Abraham
Dios halló gracia en Él
Manoa le invitó a comer
Después que Dios le habló
También a la mujer
Jesús visitó, la casa de Zaqueo
Y yo tengo hoy ese mismo deseo
Te invito A quedarte
en mi casa,
cada día más
Te invito A que
mores en ella,
por la eternidad
Sí piensas quedarte
en alguien, quédate en mi
Si buscas un corazón,
el mío está aquí
Lo más grande que a mi
Hoy me pueda pasar
Es sentirte en mi ser
Para mí No hay
con que comparar
Ese gozo especial
Que le das a mi ser
Cuando tú poder
Llega a un corazón
Algo especial
Tiene que suceder
Se canta, se ríe,
se llora De felicidad
Cuando tú gloria divina
Comienza a llegar
Es lo más grande que a
un hombre puede suceder
Sentir la gloria de Cristo
en todo su ser
Yo te invito a quedarte
en mi vida cada día más
Te invito qué mores
en ella por la eternidad
Sí piensas quedarte en
alguien quédate en mi
Sí buscas un corazón
el mío está aquí
Reflexión
A lo largo del caminar espiritual, vemos cómo la cercanía con lo divino ha transformado vidas. Personajes como Abraham, quien halló gracia y fue llamado amigo de Dios, o Manoa, quien con generosidad ofreció su mesa tras escuchar su voz junto a su esposa, nos muestran que el Creador anhela relacionarse con nosotros de manera cercana. Incluso vemos este deseo de comunión cuando Jesús decidió visitar la casa de Zaqueo, transformando su realidad por completo. Hoy, esa misma oportunidad de recibir la visita divina se presenta ante cada uno de nosotros, despertando el anhelo de experimentar esa presencia en lo más íntimo de nuestro hogar y de nuestra existencia.
Abrir las puertas de nuestra vida a Dios es el acto de fe más significativo que podemos realizar. Al decirle: "Quédate en mi casa", no solo le ofrecemos un espacio físico, sino que le entregamos nuestro propio corazón. Si el Señor busca un lugar donde habitar, qué hermoso es poder responder con humildad y decirle que el nuestro está completamente disponible para Él. Esta invitación no es para un momento pasajero, sino con el deseo profundo de que more en nosotros cada día más y por la eternidad, transformando cada rincón de nuestro ser con su amor constante.
Cuando el poder de Dios llega verdaderamente a un corazón, algo extraordinario sucede. No hay experiencia comparable con el gozo especial que Él regala a nuestro ser. Al manifestarse su gloria divina, el alma experimenta una felicidad tan profunda que se expresa en cantos, risas y lágrimas de sincera alegría. Sentir la gloria de Cristo en todo nuestro ser es, sin duda, lo más grande que le puede suceder a una persona, una experiencia que renueva nuestras fuerzas y llena de sentido cada uno de nuestros días.
Hoy te invito a hacer tuya esta hermosa oración de entrega. Abre tu corazón sin temor y dile al Señor con fe: "Si piensas quedarte en alguien, quédate en mí". Permite que su presencia inunde tu vida cotidiana, trayendo esa paz y ese gozo inigualable que solo Él puede dar. Que tu vida sea, desde hoy y para siempre, la morada donde la gloria de Cristo habite constantemente.
Abrir las puertas de nuestra vida a Dios es el acto de fe más significativo que podemos realizar. Al decirle: "Quédate en mi casa", no solo le ofrecemos un espacio físico, sino que le entregamos nuestro propio corazón. Si el Señor busca un lugar donde habitar, qué hermoso es poder responder con humildad y decirle que el nuestro está completamente disponible para Él. Esta invitación no es para un momento pasajero, sino con el deseo profundo de que more en nosotros cada día más y por la eternidad, transformando cada rincón de nuestro ser con su amor constante.
Cuando el poder de Dios llega verdaderamente a un corazón, algo extraordinario sucede. No hay experiencia comparable con el gozo especial que Él regala a nuestro ser. Al manifestarse su gloria divina, el alma experimenta una felicidad tan profunda que se expresa en cantos, risas y lágrimas de sincera alegría. Sentir la gloria de Cristo en todo nuestro ser es, sin duda, lo más grande que le puede suceder a una persona, una experiencia que renueva nuestras fuerzas y llena de sentido cada uno de nuestros días.
Hoy te invito a hacer tuya esta hermosa oración de entrega. Abre tu corazón sin temor y dile al Señor con fe: "Si piensas quedarte en alguien, quédate en mí". Permite que su presencia inunde tu vida cotidiana, trayendo esa paz y ese gozo inigualable que solo Él puede dar. Que tu vida sea, desde hoy y para siempre, la morada donde la gloria de Cristo habite constantemente.