Que Se Abra El Cielo (versión 2)
- Autor
- Christine D'Clario
Esta bella canción invita a abrir el corazón a la presencia de Dios, donde la adoración se convierte en una petición constante de su voluntad. A lo largo de la letra, el deseo de conocerle y ser movidos por su Espíritu se presenta como motor de cambio y libertad. El mensaje central es que solo con su presencia podemos experimentar liberación y renovación; es un llamado a que su gloria transforme el nosotros, que su reino se haga presente aquí y ahora. Se destaca la esperanza puesta en Dios, la apertura del cielo y la confianza en su poder para avivar y dirigir cada confesión de fe hacia una vida de alabanza.
Letra
Dios, bienvenido a este lugar
Y en nuestro corazón
Ven y haz tu voluntad
Dios, te queremos conocer
Con tu fuego abrazador
Ven y muévete otra vez
/Espíritu, avívanos
Te anhelamos, Dios/
Ante tu gloria y majestad
Sabemos que estás
Para darnos libertad
Entrónate en nuestra adoración
Asombroso eres, Señor
Con tu presencia llénanos
/Espíritu, avívanos
Te anhelamos, Dios/
Que se abra el cielo
Muévete, Señor
Venga aquí tu reino
Oh, gran Dios
No hay cielos cerrados, se abren
Tu reino se mueve aquí
En ti, está nuestra esperanza
Oh, gran Dios, oh, gran Dios
Y en nuestro corazón
Ven y haz tu voluntad
Dios, te queremos conocer
Con tu fuego abrazador
Ven y muévete otra vez
/Espíritu, avívanos
Te anhelamos, Dios/
Ante tu gloria y majestad
Sabemos que estás
Para darnos libertad
Entrónate en nuestra adoración
Asombroso eres, Señor
Con tu presencia llénanos
/Espíritu, avívanos
Te anhelamos, Dios/
Que se abra el cielo
Muévete, Señor
Venga aquí tu reino
Oh, gran Dios
No hay cielos cerrados, se abren
Tu reino se mueve aquí
En ti, está nuestra esperanza
Oh, gran Dios, oh, gran Dios
Reflexión
Comenzamos abriendo las puertas de nuestro ser con una invitación sencilla pero profunda: dar la bienvenida a Dios en nuestro corazón y en el lugar donde nos encontramos. En el trajín de la vida diaria, a menudo olvidamos que el primer paso para experimentar su amor es rendir nuestra voluntad a la suya. Al decirle «ven y haz tu voluntad», dejamos de lado nuestras propias fuerzas para permitir que su fuego nos abrace y nos transforme. Buscar conocerle de verdad implica desear con sinceridad que Él se mueva otra vez en nuestra historia personal, avivando cada rincón de nuestra alma con el soplo de su Espíritu.
Cuando nos acercamos ante su gloria y majestad, descubrimos una hermosa realidad: su presencia está aquí para darnos libertad. Al adorarle, no solo pronunciamos palabras, sino que le invitamos a entronarse en medio de nuestro clamor. Reconocer que Él es asombroso nos lleva a anhelar ser llenos de su presencia, dejando que su paz desplace cualquier temor o cadena que intente atarnos. La fe se activa cuando decidimos que nuestra vida sea el lugar donde Él habite y gobierne hoy.
Esta búsqueda nos guía a un clamor confiado y lleno de expectativa: «que se abra el cielo». Qué maravilloso es caminar con la certeza de que, en su presencia, no hay cielos cerrados; al contrario, se abren de par en par para que su reino se mueva aquí y ahora, en medio de nuestras circunstancias cotidianas. Te invito a depositar toda tu esperanza en este gran Dios. Permite que el Espíritu avive tu fe en este momento, recordando que su reino de amor y libertad está disponible para ti. Abre tu corazón y deja que su presencia llene tu vida por completo.
Cuando nos acercamos ante su gloria y majestad, descubrimos una hermosa realidad: su presencia está aquí para darnos libertad. Al adorarle, no solo pronunciamos palabras, sino que le invitamos a entronarse en medio de nuestro clamor. Reconocer que Él es asombroso nos lleva a anhelar ser llenos de su presencia, dejando que su paz desplace cualquier temor o cadena que intente atarnos. La fe se activa cuando decidimos que nuestra vida sea el lugar donde Él habite y gobierne hoy.
Esta búsqueda nos guía a un clamor confiado y lleno de expectativa: «que se abra el cielo». Qué maravilloso es caminar con la certeza de que, en su presencia, no hay cielos cerrados; al contrario, se abren de par en par para que su reino se mueva aquí y ahora, en medio de nuestras circunstancias cotidianas. Te invito a depositar toda tu esperanza en este gran Dios. Permite que el Espíritu avive tu fe en este momento, recordando que su reino de amor y libertad está disponible para ti. Abre tu corazón y deja que su presencia llene tu vida por completo.