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Himno

Que Lindo Es Sentir (2)

esta bella canción nos sumerge en la experiencia íntima de la presencia de Dios. A través de imágenes de dulzura y poder, transmite un mensaje central: el encuentro con lo divino ofrece consuelo, gozo y renovación que no se hallan en este mundo. La letra invita a adorar y reconocer que la presencia del Señor se siente real y cercana, algo que llena el alma y refresca el espíritu. Se describe un amor profundo hacia Jesús y una confianza que se manifiesta en la adoración constante. En resumen, el tema es la adoración como puente para experimentar la paz, la alegría y la vida que provienen de la cercanía de lo divino.

Letra

¡Qué dulce es tu presencia, Oh Señor!
Más dulce que la miel, ¡Que dulce es!
No puedo compararla, no.
Con nada en este mundo, no.
¡Oh cuanto te amo, mi Jesús!

¡Qué lindo es sentir a Dios!
¡Qué lindo es sentir su amor!
Su presencia es real aquí.
Sólo tienes que adorar,
Y su presencia sentir:
Jesús, tu Señor, esta aquí.

¡Cómo refrescas mi alma, Oh Señor!
Tu gozo y paz inconfundible es,
Siento en mi vida tu poder,
Ríos de agua viva en mi ser.
¡Oh cuanto te amo, mi Jesús!

Reflexión

En medio de un mundo lleno de ruidos, afanes y satisfacciones pasajeras, la dulce presencia del Señor se presenta como el refugio más sublime para nuestra alma. No hay comparación alguna para el amor de Jesús; es una dulzura que supera cualquier deleite terrenal. Cuando nos detenemos a contemplar su bondad, no podemos más que rendir nuestro corazón y expresarle con profunda sinceridad cuánto le amamos. Esta experiencia no es una idea lejana, sino una realidad palpable que transforma nuestro interior.

¡Qué hermoso es experimentar la cercanía de Dios en nuestra vida cotidiana! Su amor no es una teoría, sino una fuerza viva y real que se manifiesta aquí y ahora. El camino para encontrarnos con Él es sencillo pero profundo: la adoración. Al levantar nuestra voz y nuestro pensamiento en alabanza, las barreras se caen y su presencia se vuelve evidente. Jesús, nuestro Señor, está presente en este mismo instante, esperando que abramos el corazón para dejarnos abrazar por su tierno amor.

Cuando permitimos que el Señor inunde nuestro ser, nuestra alma recibe un refrigerio inigualable. Su gozo y su paz, que son inconfundibles, calman toda ansiedad y llenan cada vacío. Es en ese encuentro íntimo donde sentimos su poder restaurador y brotan en nuestro interior ríos de agua viva que renuevan nuestras fuerzas. Te invito hoy a hacer una pausa en tus ocupaciones, a adorarle con sencillez y a permitir que su dulce presencia refresque tu vida. Deja que Jesús sea hoy tu paz, tu gozo y tu mayor alegría.