Que Hermoso
esta hermosa letra celebra la gracia y la presencia de Dios en la vida cotidiana. Habla de la alegría que nace al pensar en las bendiciones que Dios da y en la cercanía de su amor, incluso cuando no se puede ver su brillo exterior. El tema central es la entrega y la fidelidad: amar a Jesús por encima de todo, cerrar los ojos ante lo que distrae y reconocer que su sacrificio abrió libertad y salvación. La canción también resalta que el Espíritu Santo da fuerza para vencer las pruebas y vivir con fe, confiando en que Dios está a nuestro lado en cada batalla.
Letra
¡Qué hermoso es pensar
En las cosas que Dios me da!
¡Qué hermoso es tenerle a Él!
Sentir su gran amor,
Sentir su Bendición
Que hermoso es sentirle a Él.
Y aunque no hay luz poderte ver
Resplandecer en tu poder,
Sentir el gozo de tu amor;
Y junto a Tí poder vivir
Lleno de fe confiando en que
Tú a mi lado estás.
Amarte solo a Ti
Como me amaste Tú,
Amarte sólo a Ti, Jesús.
Tu amor no quise ver,
Mis ojos yo cerré:
Tuviste que morir por mí.
Jesús, mi Dios, la libertad
Has dado a mí, y soy feliz;
Ahora vivo por tu amor.
Tu Santo Espíritu me da
El poder para vencer
En la batalla contra el mal.
En las cosas que Dios me da!
¡Qué hermoso es tenerle a Él!
Sentir su gran amor,
Sentir su Bendición
Que hermoso es sentirle a Él.
Y aunque no hay luz poderte ver
Resplandecer en tu poder,
Sentir el gozo de tu amor;
Y junto a Tí poder vivir
Lleno de fe confiando en que
Tú a mi lado estás.
Amarte solo a Ti
Como me amaste Tú,
Amarte sólo a Ti, Jesús.
Tu amor no quise ver,
Mis ojos yo cerré:
Tuviste que morir por mí.
Jesús, mi Dios, la libertad
Has dado a mí, y soy feliz;
Ahora vivo por tu amor.
Tu Santo Espíritu me da
El poder para vencer
En la batalla contra el mal.
Reflexión
Qué hermoso es detenernos en medio del ajetreo diario para contemplar las bendiciones que Dios nos regala con tanta generosidad. A menudo, nos dejamos llevar por las preocupaciones, pero cuando abrimos el corazón, podemos sentir su gran amor y su bendición constante. La fe nos invita a mirar más allá de lo visible; incluso en aquellos momentos de oscuridad, cuando parece que no hay luz, tenemos la maravillosa certeza de que Él resplandece con poder a nuestro lado. Vivir con esta confianza nos llena de un gozo profundo que transforma nuestra perspectiva diaria.
Esta dulce realidad nos confronta con nuestra propia historia. En ocasiones, como expresa con honestidad la canción, hemos cerrado los ojos ante su amor, prefiriendo ignorar su presencia. Sin embargo, la grandeza de Jesús se revela en su entrega total: Él estuvo dispuesto a morir por nosotros para rescatarnos de esa ceguera voluntaria. Hoy, la invitación pastoral es a responder a ese sacrificio con un amor exclusivo y sincero, decidiendo amarle solo a Él, tal como Él nos amó primero. Reconocer su entrega es el primer paso para experimentar la verdadera libertad que sana nuestras vidas y nos llena de una felicidad auténtica.
Al recibir esta libertad que Jesús nos ofrece, nuestra existencia cobra un nuevo sentido. Ya no caminamos en el temor, sino en la alegría de saber que ahora vivimos por su amor. No estamos solos en nuestras luchas cotidianas; contamos con la presencia de su Santo Espíritu, quien nos capacita y nos da el poder necesario para vencer en cada batalla contra el mal. Te invito hoy a abrir tus ojos y tu corazón a esta maravillosa gracia. Permítete sentir su abrazo, confía en su guía constante y camina con la seguridad de que, en cada paso de tu vida, Él está a tu lado fortaleciéndote.
Esta dulce realidad nos confronta con nuestra propia historia. En ocasiones, como expresa con honestidad la canción, hemos cerrado los ojos ante su amor, prefiriendo ignorar su presencia. Sin embargo, la grandeza de Jesús se revela en su entrega total: Él estuvo dispuesto a morir por nosotros para rescatarnos de esa ceguera voluntaria. Hoy, la invitación pastoral es a responder a ese sacrificio con un amor exclusivo y sincero, decidiendo amarle solo a Él, tal como Él nos amó primero. Reconocer su entrega es el primer paso para experimentar la verdadera libertad que sana nuestras vidas y nos llena de una felicidad auténtica.
Al recibir esta libertad que Jesús nos ofrece, nuestra existencia cobra un nuevo sentido. Ya no caminamos en el temor, sino en la alegría de saber que ahora vivimos por su amor. No estamos solos en nuestras luchas cotidianas; contamos con la presencia de su Santo Espíritu, quien nos capacita y nos da el poder necesario para vencer en cada batalla contra el mal. Te invito hoy a abrir tus ojos y tu corazón a esta maravillosa gracia. Permítete sentir su abrazo, confía en su guía constante y camina con la seguridad de que, en cada paso de tu vida, Él está a tu lado fortaleciéndote.