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Coro

Pronto Vendrá El Señor

esta bella canción nos habla de la pronta venida del Señor y de una Iglesia levantada en gloria, comprada a precio de sangre preciosa. El tema central es la esperanza activa: vivir para escuchar la voz que invita a ser buen siervo y obedecer, sin perder la fe, aunque el mundo parezca distraído. La letra describe la reunión del pueblo de Dios y la promesa de ser reunidos en un momento decisivo, cuando se cumpla la llamada divina. El mensaje invita a buscar fervientemente al Señor, a renovar la alabanza y a recordar que la verdadera gloria se ve en la entrega y la adoración constante.

Letra

Pronto vendrá el Señor
Su Iglesia levantar gloriosa,
La iglesia que Él compró
A precio de sangre preciosa
Sus Ángeles vendrán,
Allí se reunirá su pueblo,
allí yo quiero estar para escuchar su voz,
Cuando me diga ven buen siervo

Dónde están los que decían aleluya
Dónde están los que decían gloria a Dios
Dónde están, que los buscan, no los hallan;
Es que el Señor su Iglesia levantó.

Reflexión

Queridos hermanos y amigos, la hermosa melodía que hoy nos convoca nos invita a sumergirnos en una de las promesas más reconfortantes y sublimes de nuestra fe: el pronto retorno de nuestro Señor. Estas letras nos recuerdan que no somos un pueblo a la deriva, sino una Iglesia amada, gloriosa y profundamente valorada, la cual fue comprada a un precio incalculable, el de la sangre preciosa de Jesús. Este sacrificio de amor infinito nos otorga una identidad de gracia y nos llama a vivir con la mirada puesta en el reencuentro eterno con nuestro Salvador.

El canto expresa un anhelo profundamente personal que cada uno de nosotros está invitado a hacer suyo: «allí yo quiero estar para escuchar su voz, cuando me diga ven buen siervo». Qué consuelo y qué paz experimenta el alma al meditar en ese instante en que, rodeados por sus ángeles, nos reuniremos con Él. Esta esperanza no nos llama a la pasividad; al contrario, es una invitación diaria a cultivar una fe viva, a servir con amor, paciencia y fidelidad en nuestro caminar cotidiano, anhelando escuchar aquellas dulces palabras de bienvenida.

Finalmente, la reflexión nos confronta con una pregunta conmovedora sobre aquellos que solían clamar «aleluya» y «gloria a Dios», y que de repente ya no son hallados porque el Señor ha levantado a su Iglesia. Esto nos desafía con ternura a examinar nuestro propio corazón y la autenticidad de nuestra entrega hoy. ¿Está nuestra vida alineada con esa alabanza constante? Te invito a renovar hoy tu fe, a mantener encendida la llama de la adoración en tu hogar y a vivir cada jornada con la dulce expectativa de su venida, confiando plenamente en que su promesa es fiel y que pronto nos reuniremos con Él.