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Himno

Pecador, Ven A Cristo Jesús

Esta bella canción invita al ser humano a acercarse a Cristo con humildad y esperanza. Su mensaje central es claro: quien reconoce su condición de pecador puede hallar salvación y felicidad eterna al acudir al Salvador. En sus estrofas se alternan la imagen de un padre tierno que acoge a quien vuelve y la idea de un médico celestial que ofrece curación para el alma enferma. También resuena la metáfora del pastor que sostiene a la oveja perdida y la lleva en brazos, simbolizando cuidado, protección y regreso al camino correcto. En conjunto, la pieza transmite consuelo y una invitación a confiar plenamente en ese refugio de amor.

Letra

I
Pecador ven a Cristo Jesús
Y feliz para siempre Serás,
Que si tu le quisieres tener,
Al divino Señor hallarás.

Ven a Él, ven a Él,
Que te espera tu buen Salvador,
Ven a Él, ven a Él,
Que te espera tu buen Salvador.

II
Si cual hijo que necio pecó,
Vas buscando a sus pies compasión,
Tierno Padre en Jesús hallarás
Y tendrás en sus brazos perdón.

III
Si enfermo, te sientes morir,
Él será tu Doctor celestial;
Y hallarás en su sangre también,
Medicina que cure tu mal.

IV
Ovejuela que huyó del redil,
¡He aquí tu benigno Señor!
Y en los hombros llevada serás,
De tan dulce y amante pastor.

Reflexión

Querido hermano, querida hermana, la vida a menudo nos presenta caminos áridos y decisiones que nos alejan de la verdadera paz. Sin embargo, hoy resuena una invitación tierna y constante que no podemos ignorar: «Pecador, ven a Cristo Jesús». No importa cuán lejos sientas que has caminado en la dirección equivocada, o cuán pesado sea el equipaje que cargas. El buen Salvador te espera con paciencia y amor infinito. Al dar el paso de buscarle con un corazón sincero, la promesa es clara y reconfortante: en Él hallarás una felicidad que trasciende cualquier circunstancia y que dura para siempre. Solo se necesita el deseo genuino de querer tenerle en tu vida para encontrarle.

Tal vez te sientas hoy como ese hijo que, con necedad, se apartó y cometió errores, buscando llenar su vacío en lugares equivocados. Si es así, no temas acercarte a sus pies en busca de compasión. En los brazos de Jesús no encontrarás juicio ni rechazo, sino el abrazo de un Padre tierno que ofrece un perdón completo y restaurador. Asimismo, si te encuentras herido, cansado o con el alma enferma, sintiendo que tus fuerzas se agotan, recuerda que no estás solo. Él se presenta ante ti como tu Doctor celestial. En su sangre reside la medicina perfecta, capaz de sanar las dolencias más profundas del corazón y curar cualquier mal que te aflija.

Si te identificas con esa ovejuela que un día huyó del redil y se perdió en la incertidumbre del mundo, vuelve la mirada a tu benigno Señor. Él no viene a reprenderte por haberte extraviado, sino a rescatarte con ternura. Imagina la dulzura de ser levantado y llevado sobre los hombros de tan dulce y amante Pastor, quien te conduce de regreso a un lugar seguro. Hoy te invito a hacer tuya esta hermosa realidad. Deja que la fe guíe tus pasos de vuelta a casa; ven a Él, recíbelo en tu vida y permite que su amor transforme tu existencia desde hoy y para siempre.