Saltar al contenido
Himno

Padre Abraham

esta bella canción describe una comunión de fe y pertenencia, un encuentro sencillo y repetitivo con un objetivo claro: adorar al Señor en unidad. A través de la figura de Abraham como símbolo de muchos hijos, el tema central se despliega en instrucciones corporales que invitan a todos a participar: ponerse de pie, levantar la mano derecha e izquierda, moverse y girar. El mensaje subyacente es que la adoración es un acto colectivo, en el que cada persona se reconoce parte de un mismo pueblo que busca al Señor. No se apoya en relatos, fechas ni voces individuales; se sostiene en la experiencia compartida de alabar juntos.

Letra

Padre Abraham tuvo muchos hijos,
Muchos hijos tuvo padre Abraham,
Yo soy uno y tú también y adoremos al Señor.
Parados.

Padre Abraham tuvo muchos hijos,
Muchos hijos tuvo padre Abraham,
Yo soy uno y tú también y adoremos al Señor.
Parados, mano derecha.

Padre Abraham tuvo muchos hijos,
Muchos hijos tuvo padre Abraham,
Yo soy uno y tú también y adoremos al Señor.
Parados, mano derecha, mano izquierda.

Padre Abraham tuvo muchos hijos,
Muchos hijos tuvo padre Abraham,
Yo soy uno y tú también y adoremos al Señor.
Parados, mano derecha, mano izquierda, pie derecho.

Padre Abraham tuvo muchos hijos,
Muchos hijos tuvo padre Abraham,
Yo soy uno y tú también y adoremos al Señor.
Parados, mano derecha, mano izquierda,
Pie derecho, pie izquierdo.

Padre Abraham tuvo muchos hijos,
Muchos hijos tuvo padre Abraham,
Yo soy uno y tú también y adoremos al Señor.
Parados, mano derecha, mano izquierda,
Pie derecho, pie izquierdo, media vuelta.

Padre Abraham tuvo muchos hijos,
Muchos hijos tuvo padre Abraham,
Yo soy uno y tú también y adoremos al Señor.
Parados, mano derecha, mano izquierda,
Pie derecho, pie izquierdo, media vuelta,
Vuelta entera.

Padre Abraham tuvo muchos hijos,
Muchos hijos tuvo padre Abraham,
Yo soy uno y tú también y adoremos al Señor.
Parados, mano derecha, mano izquierda,
Pie derecho, pie izquierdo, media vuelta,
Vuelta entera, sentados.

Reflexión

Esta entrañable melodía, que a menudo asociamos con la alegría y la sencillez, encierra una profunda verdad que nos invita a reflexionar sobre nuestra identidad y pertenencia. Al cantar que el padre Abraham tuvo muchos hijos, y al reconocer con gozo que «yo soy uno y tú también», se nos recuerda que no estamos solos en este caminar. Formamos parte de una gran familia, una comunidad unida por un lazo de amor que nos acoge a todos por igual, sin distinciones. Esta certeza de saberse parte de algo más grande nos brinda un refugio cálido, un espacio donde cada uno de nosotros tiene un lugar asegurado y un propósito compartido.

La invitación central de esta canción es clara y directa: «adoremos al Señor». Sin embargo, esta adoración no es un acto estático ni silencioso. A medida que la letra avanza, se nos invita a involucrar todo nuestro cuerpo: las manos, los pies, el movimiento y el descanso. Cada gesto físico —desde levantar la mano derecha hasta dar una vuelta entera— simboliza la entrega de nuestra vida diaria. Adorar al Señor implica poner a su servicio nuestro andar, nuestras acciones, nuestras decisiones y también nuestros momentos de pausa al estar sentados. Es una invitación a vivir una fe activa, alegre y en constante movimiento, donde cada parte de nuestra cotidianidad se convierte en una ofrenda de gratitud.

Hoy te invito a acoger esta hermosa realidad en tu propio corazón. Mírate como ese hijo o hija que forma parte de esta gran familia de fe. Permite que tu vida entera, con tus manos para construir, tus pies para caminar al encuentro del otro y tu capacidad de dar un giro cuando sea necesario cambiar de rumbo, alabe al Creador. Te animo a responder con confianza a este llamado, integrando tu cuerpo, tu mente y tu espíritu en un testimonio continuo de amor. Que al final del día, ya sea de pie trabajando o sentados descansando en su paz, podamos decir con alegría que nuestras vidas honran al Señor.