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Himno

ojalá Fuera Hoy!

Esta bella canción expresa un anhelo profundo: la pronta venida de Jesucristo y la transformación total que traerá. A través de su letra, se revela un mensaje central de esperanza y pureza: la redención final, la derrota del mal y la coronación del Rey. Se invita a los creyentes a vivir en vigilancia, con alegría y fidelidad, esperando el momento en que la gloria de Dios se manifieste. El tema destaca la certeza de un triunfo definitivo, la liberación de las penas presentes y la promesa de reunirse con el Señor. En cada estrofa late el deseo de que ese día, y solo ese día, traiga plenitud para la redención.

Letra

I
Viene otra vez nuestro Salvador,
¡Oh, qué si fuera hoy!
Para reinar con poder y amor,
¡Oh, qué si fuera hoy!
Ya por su esposa viene esta vez,
Purificada en su grande amor
Del mundo por la redondez,
¡Oh, qué si fuera hoy!

¡Gloria! ¡Gloria! gozo sin fin traerá,
¡Gloria! ¡Gloria! al coronarle Rey,
¡Gloria! ¡Gloria! la senda preparad,
¡Gloria! ¡Gloria! Cristo viene otra vez.

II
Terminará el poder de Satán,
¡Ojalá fuera hoy!
No más tristezas aquí verán,
¡Ojalá fuera hoy!
Todos los muertos en Cristo irán
Arrebatados por su Señor;
¿Cuándo estas glorias aquí vendrán?
¡Ojalá fuera hoy!

III
Fieles y leales nos debe hallar,
Si Él viniera hoy;
Todos velando con gozo y paz,
Si Él viniera hoy.
Multiplicadas señales hay,
En el oriente se ve el albor,
Ya más cercano el tiempo está,
¡Ojalá fuera hoy!

Reflexión

La dulce y profunda expectativa del regreso de nuestro Salvador es una de las promesas más reconfortantes para el creyente. Al meditar en las palabras de este himno, nuestro corazón se llena de una viva esperanza ante la gloriosa realidad de que Jesucristo viene otra vez. Esta no es una verdad para infundir temor, sino para despertar un gozo indescriptible y un anhelo profundo que nos hace exclamar con fervor: ¡Ojalá fuera hoy!

Imaginar ese día nos invita a contemplar el fin de todo sufrimiento. El Salvador vendrá a reinar con poder y amor, poniendo fin al poder del mal y erradicando para siempre la tristeza de nuestras vidas. Qué consuelo tan grande es saber que los que han partido con Él serán arrebatados por su Señor, y que juntos, como su iglesia purificada por su gran amor en toda la redondez del mundo, le coronaremos como Rey en un cántico de gozo sin fin.

Sin embargo, esta gloriosa expectativa también nos hace un llamado tierno pero urgente a la reflexión personal. Si el Señor viniera hoy, ¿cómo nos encontraría? La invitación de esta alabanza es a vivir en un estado de constante fidelidad y lealtad. Nos desafía a velar con gozo y paz, preparando activamente la senda para su venida. No se trata de esperar con pasividad, sino de permitir que su amor purificador guíe nuestro diario vivir, manteniéndonos firmes y atentos a las señales que nos indican que el albor ya se ve en el oriente y que el tiempo está cerca.

Querido hermano, te invito a abrazar esta fe con renovada confianza. Que la certeza de su venida sea la fuerza que guíe tus decisiones, consuele tus dolores y llene tus días de una paz que sobrepasa todo entendimiento. Vivamos cada jornada con la mirada puesta en su promesa, listos para recibirle y deseando con todo nuestro ser que ese encuentro glorioso ocurra muy pronto. ¡Ojalá fuera hoy!