Oh Si Yo Quiero Señor
Esta bella canción expresa un anhelo sincero de recibir la plenitud del Señor. La voz que canta repite con fervor su deseo de ser llenada y de recibir poder, mostrando una actitud de entrega, apertura y confianza. El mensaje central se concentra en la petición de que Dios colme el corazón con su Santo poder y derrame sobre él un don celestial. La imagen del vaso representa una vida dispuesta a ser renovada y enriquecida por la presencia divina. Con palabras sencillas y repetitivas, la letra transmite una oración intensa, humilde y esperanzada, dirigida completamente al Señor.
Letra
Oh si yo quiero Señor,
Que tú me llenes;
Oh si yo quiero Señor,
Que me llenes de poder.
Lléname hoy, de tu Santo poder,
Llena este vaso, de ese don celestial.
Que tú me llenes;
Oh si yo quiero Señor,
Que me llenes de poder.
Lléname hoy, de tu Santo poder,
Llena este vaso, de ese don celestial.
Reflexión
Cuando dices: “Oh, sí, yo quiero, Señor”, estás expresando ante Dios un deseo profundo y sincero. No es solo una frase repetida; es la apertura de tu corazón ante Aquel a quien reconoces como fuente de llenura y poder. En medio de tus luchas, cansancio o incertidumbres, puedes acercarte con honestidad y decirle que necesitas ser renovado por dentro.
La letra también te invita a pedir: “Lléname hoy”. Esta palabra, “hoy”, recuerda que tu relación con Dios no tiene que quedarse en un deseo del pasado ni depender únicamente de lo que experimentaste anteriormente. Cada día puedes presentarte delante de Él con una actitud humilde, reconociendo que necesitas recibir nuevamente su fortaleza. No tienes que aparentar suficiencia; puedes acudir tal como estás, con tus preguntas, debilidades y anhelos.
La imagen del vaso es sencilla, pero significativa. Un vaso vacío puede ser llenado, mientras que uno ocupado no tiene espacio para recibir. Tal vez hoy necesites permitir que Dios quite de tu interior aquello que te impide descansar en Él: la autosuficiencia, el temor o la carga de querer controlarlo todo. Al pedir que te llene de ese don celestial, estás reconociendo que lo que verdaderamente sostiene tu vida no nace solamente de tus capacidades, sino de lo que recibes de Dios.
Haz de esta oración una práctica personal. Antes de comenzar tus actividades, detente unos momentos y dile con sinceridad: “Señor, lléname hoy de tu Santo poder”. Después, procura vivir con una actitud receptiva, buscando que esa llenura se refleje en tus palabras, decisiones y trato hacia los demás. No se trata únicamente de sentir algo, sino de permitir que tu vida sea un vaso disponible.
Que tu petición sea constante y confiada: “Oh, sí, yo quiero, Señor”. Allí donde reconoces tu necesidad, también puedes experimentar la esperanza de ser renovado y fortalecido por Él.
La letra también te invita a pedir: “Lléname hoy”. Esta palabra, “hoy”, recuerda que tu relación con Dios no tiene que quedarse en un deseo del pasado ni depender únicamente de lo que experimentaste anteriormente. Cada día puedes presentarte delante de Él con una actitud humilde, reconociendo que necesitas recibir nuevamente su fortaleza. No tienes que aparentar suficiencia; puedes acudir tal como estás, con tus preguntas, debilidades y anhelos.
La imagen del vaso es sencilla, pero significativa. Un vaso vacío puede ser llenado, mientras que uno ocupado no tiene espacio para recibir. Tal vez hoy necesites permitir que Dios quite de tu interior aquello que te impide descansar en Él: la autosuficiencia, el temor o la carga de querer controlarlo todo. Al pedir que te llene de ese don celestial, estás reconociendo que lo que verdaderamente sostiene tu vida no nace solamente de tus capacidades, sino de lo que recibes de Dios.
Haz de esta oración una práctica personal. Antes de comenzar tus actividades, detente unos momentos y dile con sinceridad: “Señor, lléname hoy de tu Santo poder”. Después, procura vivir con una actitud receptiva, buscando que esa llenura se refleje en tus palabras, decisiones y trato hacia los demás. No se trata únicamente de sentir algo, sino de permitir que tu vida sea un vaso disponible.
Que tu petición sea constante y confiada: “Oh, sí, yo quiero, Señor”. Allí donde reconoces tu necesidad, también puedes experimentar la esperanza de ser renovado y fortalecido por Él.