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Himno

oh, Jovenes Venid! (2)

esta bella canción convoca a los jóvenes a alistarse junto a Jesús, presentándolo como guía y general en una lucha espiritual. El tema central es la entrega valiente al servicio de una causa santa, donde la fe en el Salvador convierte la adversidad en oportunidad de victoria. El mensaje subraya que el poder no proviene de la fuerza humana, sino del evangelio y del amor divino que fortalecen y revisten a quienes se suman a la causa. Se enfatiza la esperanza de superar el mal y lograr una victoria inmortal, logrando unidad, coraje y determinación al lado de Cristo.

Letra

Oh! Jóvenes venid, su brillante pabellón,
Cristo ha desplegado ante la nación,
A todos en sus filas os quiere recibir
Y con Él a la pelea os hará salir.

¡Vamos a Jesús, alistados sin temor!,
¡Vamos a la lid, inflamados de valor!
Jóvenes luchemos todos contra el mal:
En Jesús llevamos nuestro general.

¡Oh! Jóvenes venid, el caudillo Salvador,
Quiere recibiros en su derredor;
Con Él a la batalla salid sin vacilar,
Vamos pronto compañeros, vamos a luchar.

Las armas invencibles del jefe guiador,
Son el evangelio y su grande amor;
Con ellas revestidos, y llenos de poder,
compañeros, acudamos, vamos a vencer.

Los fieros enemigos engendros de Satán,
Se hallan sostenidos por su capitán;
¡Oh! Jóvenes vosotros poneos sin temor,
A la diestra del caudillo nuestro Salvador.

Quien venga a la pelea, su voz escuchará,
Cristo la victoria le concederá;
Salgamos, compañeros, luchemos bien por Él,
Con Jesús conquistaremos inmortal laurel.

Reflexión

Querido hermano, querida hermana, hoy resuena un llamado vibrante y lleno de esperanza que se dirige de manera especial a la juventud, pero que también despierta el corazón de todo aquel que anhela servir a Dios con fervor. Es una invitación afectuosa a levantar la mirada y contemplar el brillante pabellón que Cristo ha desplegado ante las naciones. Nuestro Salvador, como un tierno y a la vez firme caudillo, no nos llama desde la distancia; Él desea recibirnos en sus filas, estrecharnos en su derredor y hacernos partícipes de su obra activa en el mundo. Alistarse en este camino no es un acto de resignación, sino una decisión valiente que se toma con el corazón inflamado de amor y libre de todo temor.

En el transcurso de nuestra vida diaria, a menudo nos enfrentamos a fuerzas que intentan desviar nuestros pasos y sembrar el desaliento. El mal y sus aliados se presentan de diversas formas, pero no estamos desamparados en esta lid. Nuestro general, Jesús, nos provee de una armadura singular y sumamente eficaz. Sus armas invencibles no son de destrucción ni de violencia, sino que están forjadas en el evangelio y en su inmenso amor. Revestirnos de estas herramientas divinas nos llena de un poder verdadero, capaz de transformar nuestra realidad y la de quienes nos rodean. Al ponernos sin temor a la diestra de nuestro Salvador, descubrimos que la verdadera victoria se alcanza viviendo según sus enseñanzas.

Te invito hoy a abrir el oído del corazón para escuchar esa voz que te llama a la acción y a la fe. No vaciles en dar el paso y unirte a este caminar diario. Al responder a su llamado, no solo marchamos con la seguridad de que Cristo nos concederá la victoria sobre las dificultades, sino que también experimentamos el gozo de luchar por el bien común. Caminemos juntos, como compañeros decididos, sabiendo que de la mano de Jesús conquistaremos ese inmortal laurel de vida y paz que Él promete a quienes le siguen con fidelidad. Permite que su amor sea tu guía hoy y siempre.