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Himno

Nuestro Ideal

esta hermosa letra propone una misión clara: la proclamación del mensaje de salvación y la invitación a que otros conozcan a Jesús. El tema central es la urgencia de ganar almas y unir a la comunidad en una tarea común, sobre todo en un contexto de América Latina. Se enfatiza la santidad como guía y el Consolador como sostén, para conducir a quienes oyen el Evangelio hacia una vida transformada. El poema-llamado llama a cooperar con fervor para alcanzar al mundo con la gracia de la salvación, destacando la idea de un ideal compartido que motive esfuerzos constantes y generosos. En resumen, un canto de perseverancia misionera y esperanza cristiana.

Letra

(I) Compañeros nazarenos que luchamos por Jesús,
En la América Latina ganando almas para Dios,
Redoblemos nuestro esfuerzo haciendo brillar la luz
De plena salvación.

Ganaré a mis compatriotas,
Ganaré a mis compatriotas,
Ganaré a mis compatriotas,
En nombre de Jesús.

(II) Un millón de almas salvadas es ahora nuestro ideal
Que lavadas sean por Cristo nuestro grande Salvador;
A las cuales con ternura guiemos a la santidad,
Por el Consolador.

(III) Cada miembro de la Iglesia luchar debe por ganar
A los pobres pecadores muertos en su gran pecar,
Hasta hacer que el Evangelio lo conozca más y más
El mundo contumaz.

(IV) Nazarenos, nazarenas, Dios nos llama a cooperar
En salvar al mundo malo por su gratis salvación,
Trabajemos con anhelo hasta el éxito alcanzar,
Por Cristo el Salvador.

Reflexión

Queridos hermanos y compañeros en la fe, estas hermosas líneas nos invitan a detenernos y contemplar el maravilloso llamado que hemos recibido. En medio de las luchas y desafíos cotidianos en nuestra amada América Latina, se alza una voz que nos convoca a la unidad y al esfuerzo constante. No estamos solos en este camino; somos una comunidad llamada a redoblar esfuerzos para hacer brillar con fuerza la luz de una salvación plena en cada rincón y en cada hogar.

La invitación que hoy resuena en nuestros corazones es profundamente personal y, a la vez, comunitaria. Nos desafía a mirar a nuestro alrededor, a nuestros propios compatriotas, y a asumir el compromiso de compartirles el amor de Jesús. Cada uno de nosotros, como miembro de la iglesia, tiene la hermosa tarea de tender la mano a quienes se encuentran apartados y sin esperanza. Con la guía constante del Consolador, el Espíritu que nos fortalece, estamos llamados a conducir a las almas con ternura hacia la santidad, mostrándoles el camino de la reconciliación y la limpieza espiritual que solo Cristo, nuestro Salvador, puede otorgar.

Este noble ideal de alcanzar a las almas no debe verse como una carga, sino como un hermoso privilegio. Dios mismo nos invita a cooperar activamente en su obra, llevando un mensaje de salvación que es un regalo completamente gratuito para un mundo que tanto lo necesita. Por eso, te invito hoy a renovar tu fe y a abrazar este llamado con un anhelo renovado en tu vida diaria. Trabajemos juntos con dedicación y amor, confiando en que nuestro esfuerzo en el nombre de Jesús dará frutos abundantes. Que nuestras vidas sean ese reflejo de gracia que inspire a otros a buscar al Salvador.