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Himno

Ni Toques, Ni Pruebes

esta hermosa canción canta con claridad un llamado a la abstinencia y a la vigilancia frente al alcohol. A través de su lenguaje directo, advierte los peligros del licor para el cuerpo y el alma, y enfatiza que beber conduce a la esclavitud, la pérdida de fuerzas y la destrucción de hogares. El mensaje central propone un compromiso comunitario: unirse para no tocar ni probar el licor y así quitar la embriaguez de la vida pública y privada. Al hacerlo, se busca construir un pueblo fuerte y leal, sanar heridas y elevar cantos que claman por una nación protegida y, en común, redimida.

Letra

I
Peligros hay en el licor,
¡No lo toques tú jamás!
Al cuerpo y alma ruina da,
¡No lo pruebes tú jamás!
Tu dulce hogar lo destruirá,
Su paz y pan le quitará,
Y negros males le traerá,
¡No lo bebas tú jamás!

II
Bebidas fuertes hacen mal,
¡No lo toques tú jamás!
Por el licor esclavos hay.
¡No lo pruebes tú jamás!
Al viejo, al joven lleva él
En el camino a perecer;
Sus fuerzas todas a perder,
¡No lo bebas tú jamás!

III
Unámonos de corazón,
Al licor nunca tocar;
Y la embriaguez así quitar
Y el licor nunca probar.
Deseamos pueblo fuerte y leal
Para destruir redes del mal,
Y las heridas hoy curar
Y el licor jamás usar.

IV
Apresurad tiempo feliz,
No tocando el vil licor;
Cuando habrá paz y gozo aquí
Sin probar el vil licor.
Contra el licor bandera alzad
Y vuestros cantos elevad
Y en las alturas gloria dad:
¡Salva nuestra patria, oh Dios!

Reflexión

Queridos hermanos y amigos, la vida nos presenta constantemente decisiones que pueden edificar o destruir nuestra existencia. La letra que hoy meditamos nos hace una advertencia con profundo amor y firmeza sobre los peligros del licor y las bebidas fuertes. Nos recuerda que estas sustancias tienen el poder de esclavizar tanto a jóvenes como a ancianos, robando las fuerzas físicas, destruyendo la paz del dulce hogar y quitando el pan de nuestras mesas. Ante esta realidad que daña el cuerpo y el alma, la invitación es a reflexionar con el corazón y a tomar decisiones conscientes para proteger nuestra vida y la de aquellos que amamos.

La perspectiva pastoral de este mensaje no es de condenación, sino de restauración y unidad. Se nos convoca a unirnos de corazón para quitar la embriaguez de nuestro entorno y así sanar las heridas que el mal ha causado en tantas familias. Al decidir no tocar ni probar aquello que destruye, nos convertimos en un pueblo fuerte y leal, capaz de deshacer las redes del sufrimiento. La fe nos impulsa a ser agentes de esperanza, extendiendo una mano de compasión a quienes han caído en la esclavitud de los vicios, recordándoles que siempre es posible comenzar de nuevo.

Finalmente, este mensaje nos desafía a mirar hacia el futuro con optimismo, apresurando un tiempo feliz donde reinen la paz y el gozo genuinos. Te invito hoy a hacer una aplicación personal en tu vida: elige cuidar tu templo físico y espiritual, y sé un faro de luz para tu hogar. Elevemos juntos nuestros cantos y nuestra oración al Creador, entregándole nuestras debilidades y clamando con fe por nuestra tierra: ¡Salva nuestra patria, oh Dios! Que tu determinación de vivir una vida sobria y plena sea el reflejo de una fe viva que busca el bienestar de todos.