Mi Vida Di Por Ti
Esta hermosa letra describe un acto supremo de amor: la entrega total de la vida y la dignidad celestial para rescatar a la humanidad. El tema central es el sacrificio de un ser que abandona su trono y su morada para traer salvación y perdón a los que están perdidos. A lo largo de las estrofas se destacan dolor y angustia compartidos, así como la copa amarga de las pruebas que acompañan ese acto de amor. El mensaje invita a la reflexión personal: ante tanta entrega, ¿qué estamos dispuestos a ofrecer a cambio? Es una llamada a responder con gratitud y compromiso por ese don de salvación.
Letra
I
Mi vida di por ti,
Mi sangre derramé,
Por ti inmolado fui,
Por gracia te salvé;
:Por ti, por ti mi vida di,
¿Qué has dado tú por mí?:
II
Mi celestial mansión,
Mi trono de esplendor
Dejé por rescatar
Al mundo pecador;
:Sí, todo yo dejé por ti,
¿Qué dejas tú por mí?:
III
Reproches, aflicción,
y angustias yo sufrí,
La copa amarga fue
Que yo por ti bebí;
:Reproches yo por ti sufrí
¿Qué sufres tú por mí?:
IV
De mi celeste hogar
Te traigo el rico don
Del Padre Dios de amor
La plena salvación;
:Mi don de amor te traigo a ti
¿Qué ofreces tú por mí?:
Mi vida di por ti,
Mi sangre derramé,
Por ti inmolado fui,
Por gracia te salvé;
:Por ti, por ti mi vida di,
¿Qué has dado tú por mí?:
II
Mi celestial mansión,
Mi trono de esplendor
Dejé por rescatar
Al mundo pecador;
:Sí, todo yo dejé por ti,
¿Qué dejas tú por mí?:
III
Reproches, aflicción,
y angustias yo sufrí,
La copa amarga fue
Que yo por ti bebí;
:Reproches yo por ti sufrí
¿Qué sufres tú por mí?:
IV
De mi celeste hogar
Te traigo el rico don
Del Padre Dios de amor
La plena salvación;
:Mi don de amor te traigo a ti
¿Qué ofreces tú por mí?:
Reflexión
Al meditar en las profundas palabras de este himno, nuestro corazón es confrontado por un amor que supera todo entendimiento humano. El Salvador nos habla directamente, recordándonos que entregó su propia vida y derramó su sangre preciosa para darnos una salvación que no merecíamos, sino que nos fue concedida por pura gracia. Es conmovedor pensar en la magnitud de su entrega: aquel que habitaba en una mansión celestial y poseía un trono de esplendor, decidió dejarlo todo por rescatar a un mundo sumido en el pecado. Este no es un amor distante, sino una entrega sumamente personal y voluntaria que buscó nuestro rescate desde lo más alto.
La reflexión nos invita a mirar con detenimiento el camino de dolor que Él recorrió por nosotros. No solo dejó su gloria, sino que abrazó el sufrimiento en la tierra, soportando reproches, aflicciones y angustias extremas al beber la copa amarga del sacrificio. Ante este panorama de entrega absoluta, las preguntas del Salvador resuenan con una ternura que desarma cualquier resistencia: ¿Qué has dado tú por mí?, ¿qué dejas tú por mí?, ¿qué sufres tú por mí? Estas interrogantes no buscan condenarnos, sino despertarnos a una relación de amor recíproca. Nos invitan a evaluar con honestidad qué lugar ocupa Él en nuestras prioridades y qué estamos dispuestos a rendir en respuesta a su entrega.
Hoy, el Señor se acerca a ti con las manos llenas del regalo más valioso: el don de amor del Padre celestial, que es la plena salvación. Te invitamos a recibir este regalo con una fe sincera y agradecida, permitiendo que su gracia transforme tu existencia. Responder a su pregunta final, "¿Qué ofreces tú por mí?", comienza con el paso sencillo pero profundo de entregarle tu corazón, tu voluntad y tu caminar diario. Que nuestra respuesta no sea la indiferencia, sino una vida rendida con amor, dispuesta a vivir plenamente para aquel que lo dio todo por nosotros.
La reflexión nos invita a mirar con detenimiento el camino de dolor que Él recorrió por nosotros. No solo dejó su gloria, sino que abrazó el sufrimiento en la tierra, soportando reproches, aflicciones y angustias extremas al beber la copa amarga del sacrificio. Ante este panorama de entrega absoluta, las preguntas del Salvador resuenan con una ternura que desarma cualquier resistencia: ¿Qué has dado tú por mí?, ¿qué dejas tú por mí?, ¿qué sufres tú por mí? Estas interrogantes no buscan condenarnos, sino despertarnos a una relación de amor recíproca. Nos invitan a evaluar con honestidad qué lugar ocupa Él en nuestras prioridades y qué estamos dispuestos a rendir en respuesta a su entrega.
Hoy, el Señor se acerca a ti con las manos llenas del regalo más valioso: el don de amor del Padre celestial, que es la plena salvación. Te invitamos a recibir este regalo con una fe sincera y agradecida, permitiendo que su gracia transforme tu existencia. Responder a su pregunta final, "¿Qué ofreces tú por mí?", comienza con el paso sencillo pero profundo de entregarle tu corazón, tu voluntad y tu caminar diario. Que nuestra respuesta no sea la indiferencia, sino una vida rendida con amor, dispuesta a vivir plenamente para aquel que lo dio todo por nosotros.