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Himno

Me Entrego A Ti

Esta hermosa letra expresa una entrega total y sincera a Cristo, reconociéndolo como Señor, Rey del alma y dueño de la vida. El tema central es la consagración personal: abandonar lo carnal, las dudas, el temor y el pecado para permitir que Dios obre, santifique y perfeccione al creyente en amor. La canción también distingue entre haber sido salvado y necesitar una continua purificación, por lo que eleva una petición de limpieza interior y de un corazón renovado. Con humildad, quien canta ofrece su cuerpo, alma y voluntad, y clama por la obra del Espíritu y la transformación completa de su ser.

Letra

I
En consagración sincera
Yo me entrego a Ti, Señor;
Lo carnal echando fuera
Con sus dudas y temor;
Obra en mí en gran manera,
Perfeccióname en tu amor.

Yo me entrego a Ti, ¡oh Cristo!
Obra en mi la santidad;
Tuyos son mi cuerpo y alma,
Haz en mí tu voluntad.

II
Del pecado me has salvado
Y criatura nueva soy,
Mas del mal no estoy limpiado;
Que me santifiques hoy
Por tu sangre derramada
Mientras esperando estoy.

III
Todo a Ti yo abandono,
Toma Tú mi voluntad;
Haz de mi corazón tu trono
Puro y limpio de maldad;
Rey de mi alma te corono
Tuya es por la eternidad.

IV
Tu promesa yo reclamo;
Dame un limpio corazón;
Por tu Espíritu yo clamo
Como grandioso don,
Tú me colmas mientras llamo,
De la purificación.

Reflexión

Tal vez hoy reconoces en tu interior un deseo sincero de entregarte a Dios, pero también percibes dudas, temores y luchas que todavía pesan en tu corazón. Esta letra te invita a presentarte ante el Señor con honestidad: no necesitas ocultar lo que eres ni fingir una perfección que aún no posees. Puedes decirle: “Aquí estoy; obra en mí”.

Entregarte a Cristo implica poner delante de Él todo tu ser: tu cuerpo, tu alma, tus pensamientos, tus decisiones y tu voluntad. No se trata solamente de pronunciar palabras, sino de permitir que Él gobierne aquello que muchas veces quieres controlar. Cuando haces de tu corazón su trono, reconoces que tu vida le pertenece y que deseas caminar bajo su dirección.

La letra también expresa una verdad muy cercana para ti: puedes haber experimentado salvación y, al mismo tiempo, seguir necesitando limpieza y santificación. Ser una criatura nueva no significa que ya no existan áreas por transformar. Por eso puedes acudir nuevamente al Señor y pedirle que quite lo carnal, venza el mal y perfeccione tu vida en amor. Tu necesidad no es una razón para alejarte, sino una invitación a buscarlo con mayor sinceridad.

Hoy puedes convertir esta oración en una decisión personal. Dile al Señor qué parte de tu voluntad aún no le has entregado. Entrégale tus temores, tus dudas y aquello que deseas conservar lejos de su influencia. Pídele un corazón limpio y permite que su Espíritu obre en ti mientras esperas con confianza.

La consagración es un paso diario: volver a coronar a Cristo como Rey de tu alma y recordar que eres suyo. No descanses únicamente en tu propia fuerza. Clama, espera y abre tu vida a su obra. El mismo corazón que reconoce su necesidad puede convertirse, en las manos de Dios, en un lugar puro para su presencia y su voluntad.