Las Santas Escrituras
esta bella canción celebra la Palabra como una delicia que alinea el corazón y trae paz al alma. Habla de una guía constante que ilumina los pasos del caminante y ofrece norte y esperanza en medio de la vida. Su mensaje central es claro: escuchar la voz divina y obedecerla otorga fortaleza y dirección, permitiendo avanzar con firmeza. La verdad se presenta como sostén ante la duda y la tentación, y como fuente de calma en la aflicción. Asimismo, la letra subraya la fidelidad de lo dicho, invitando a vivir con solicitud filial y una confianza que transforma la experiencia cotidiana en una relación íntima con lo trascendente.
Letra
I
Padre, tu Palabra es
Mi delicia y mi solaz:
Guíe siempre aquí mis pies,
Y a mi pecho traiga paz.
Es tu ley, Señor,
Faro celestial,
Que en perenne resplandor,
Norte y guía da al mortal.
II
Si obediente oí tu voz,
En tu gracia fuerza hallé,
Y con firme pie y veloz,
Por tus sendas caminé.
III
Tu verdad es mi sostén,
Contra duda y tentación,
Y destila calma y bien
Cuando asalta la aflicción.
IV
Son tus dichos para mí,
Prendas fieles de salud;
Dame pues que te oiga a Ti,
Con filial solicitud.
Padre, tu Palabra es
Mi delicia y mi solaz:
Guíe siempre aquí mis pies,
Y a mi pecho traiga paz.
Es tu ley, Señor,
Faro celestial,
Que en perenne resplandor,
Norte y guía da al mortal.
II
Si obediente oí tu voz,
En tu gracia fuerza hallé,
Y con firme pie y veloz,
Por tus sendas caminé.
III
Tu verdad es mi sostén,
Contra duda y tentación,
Y destila calma y bien
Cuando asalta la aflicción.
IV
Son tus dichos para mí,
Prendas fieles de salud;
Dame pues que te oiga a Ti,
Con filial solicitud.
Reflexión
En el caminar diario, a menudo nos encontramos buscando una dirección clara y un refugio para nuestra alma fatigada. La hermosa letra que hoy contemplamos nos recuerda que la Palabra de nuestro Padre no es un texto frío, sino una delicia y un solaz constante para el espíritu. Es un faro celestial que brilla con un resplandor perenne, ofreciendo un norte seguro a cada mortal en medio de las incertidumbres del mundo. Cuando permitimos que esta guía divina dirija nuestros pasos, experimentamos cómo la verdadera paz inunda nuestro pecho, transformando nuestra ansiedad en una serena confianza.
La invitación de este canto es también un llamado a la obediencia activa y confiada. Al escuchar con atención la voz del Señor, no quedamos desamparados; al contrario, hallamos en su gracia la fuerza necesaria para seguir adelante. Esta gracia nos capacita para caminar con un pie firme y veloz por las sendas que Él ha trazado para nosotros. Cuando la duda, la tentación o la aflicción intentan desestabilizarnos, su verdad se convierte en nuestro sostén inquebrantable. Es precisamente en los momentos de mayor dificultad donde sus promesas destilan una calma profunda y un bien que restaura nuestro ser.
Te invito hoy a hacer de las Escrituras tu propio refugio y a recibirlas con fe. Míralas como prendas fieles de salud para tu vida diaria. Que podamos acercarnos a nuestro Padre con una actitud de filial solicitud, con un corazón tierno y dispuesto a decirle: "Dame que te oiga a Ti". Abramos nuestra existencia a la influencia de su verdad, permitiendo que su luz disipe toda oscuridad y que su voz sea la que guíe cada una de nuestras decisiones. En sus dichos encontrarás el alimento, la dirección y el consuelo que tu corazón tanto anhela.
La invitación de este canto es también un llamado a la obediencia activa y confiada. Al escuchar con atención la voz del Señor, no quedamos desamparados; al contrario, hallamos en su gracia la fuerza necesaria para seguir adelante. Esta gracia nos capacita para caminar con un pie firme y veloz por las sendas que Él ha trazado para nosotros. Cuando la duda, la tentación o la aflicción intentan desestabilizarnos, su verdad se convierte en nuestro sostén inquebrantable. Es precisamente en los momentos de mayor dificultad donde sus promesas destilan una calma profunda y un bien que restaura nuestro ser.
Te invito hoy a hacer de las Escrituras tu propio refugio y a recibirlas con fe. Míralas como prendas fieles de salud para tu vida diaria. Que podamos acercarnos a nuestro Padre con una actitud de filial solicitud, con un corazón tierno y dispuesto a decirle: "Dame que te oiga a Ti". Abramos nuestra existencia a la influencia de su verdad, permitiendo que su luz disipe toda oscuridad y que su voz sea la que guíe cada una de nuestras decisiones. En sus dichos encontrarás el alimento, la dirección y el consuelo que tu corazón tanto anhela.