La Segunda Bendición
Esta bella canción invita a buscar una segunda bendición: la santidad, entendida como una obra de Dios que consagra enteramente el corazón. Su mensaje central es que la persona regenerada puede entregarse por completo al Señor, como un sacrificio vivo, y permitir que el fuego purificador elimine la raíz del mal. La letra presenta esta experiencia como una vida llena de perfecto amor, justicia, paz y gozo, libre de condenación y sostenida por Dios. Con un tono exhortativo, anima a suplicar este don y a vivir en la hermosura de la santidad, considerada esencial para acercarse al Salvador.
Letra
I
Para los regenerados hay segunda bendición;
Pueden ser santificados y tener un corazón
Ya santificado enteramente, no habrá condenación:
Esta bendición se llama santidad.
Hoy buscad santidad,
Dios ofrece este don, perfecto amor;
Suplicad santidad,
Sin la cual jamás veréis al Salvador.
II
Da en sacrificio vivo tu alma y cuerpo al Señor;
Ponte en el santo altar, y el fuego purificador
Quemará raíz de mal, te alumbrará con su fulgor,
Y tendrás la bendición de santidad.
III
Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación,
De justicia, paz y gozo llenará tu corazón,
Él os guardará por siempre sin temor o reprensión
En la hermosura de la santidad.
Para los regenerados hay segunda bendición;
Pueden ser santificados y tener un corazón
Ya santificado enteramente, no habrá condenación:
Esta bendición se llama santidad.
Hoy buscad santidad,
Dios ofrece este don, perfecto amor;
Suplicad santidad,
Sin la cual jamás veréis al Salvador.
II
Da en sacrificio vivo tu alma y cuerpo al Señor;
Ponte en el santo altar, y el fuego purificador
Quemará raíz de mal, te alumbrará con su fulgor,
Y tendrás la bendición de santidad.
III
Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación,
De justicia, paz y gozo llenará tu corazón,
Él os guardará por siempre sin temor o reprensión
En la hermosura de la santidad.
Reflexión
Tal vez has experimentado el perdón y la vida nueva, pero todavía reconoces en tu interior luchas, temores o inclinaciones que no reflejan plenamente el amor de Dios. Esta letra te recuerda que no estás llamado a conformarte con una fe superficial o incompleta. Te presenta la santidad como una obra que Dios ofrece: un corazón enteramente consagrado, purificado y lleno de perfecto amor.
La invitación es clara: “Hoy buscad santidad”. No se trata solamente de admirar una verdad espiritual, sino de acercarte a Dios con una disposición sincera. La letra te anima a suplicar este don, reconociendo que la santidad no se alcanza únicamente por esfuerzo humano. Es una bendición que recibes al rendir tu vida delante del Señor.
La imagen del “sacrificio vivo” habla de una entrega concreta. Puedes presentarle a Dios tu alma, tu cuerpo, tus decisiones, tus deseos y también aquello que todavía intentas controlar. Ponerte en el “santo altar” significa dejar de reservar espacios ocultos para ti mismo y permitir que su amor transforme las raíces del mal. Esa purificación puede doler, porque implica renunciar a lo que contamina el corazón, pero también trae luz y claridad.
Hoy puedes preguntarte con honestidad: ¿hay algo que aún no he entregado por completo? ¿Estoy buscando la santidad como una prioridad, o solamente deseo sus beneficios? Acércate a Dios sin fingimiento y pídele que haga en ti esa obra profunda. La letra afirma que su voluntad es tu santificación y que, al recibirla, tu corazón puede llenarse de justicia, paz y gozo.
No tienes que caminar dominado por el temor o la reprensión. Puedes confiar en que Dios desea guardarte y formar en ti una vida hermosa. Da hoy un paso de fe: entrégate nuevamente, suplica santidad y permite que el perfecto amor transforme tu manera de vivir.
La invitación es clara: “Hoy buscad santidad”. No se trata solamente de admirar una verdad espiritual, sino de acercarte a Dios con una disposición sincera. La letra te anima a suplicar este don, reconociendo que la santidad no se alcanza únicamente por esfuerzo humano. Es una bendición que recibes al rendir tu vida delante del Señor.
La imagen del “sacrificio vivo” habla de una entrega concreta. Puedes presentarle a Dios tu alma, tu cuerpo, tus decisiones, tus deseos y también aquello que todavía intentas controlar. Ponerte en el “santo altar” significa dejar de reservar espacios ocultos para ti mismo y permitir que su amor transforme las raíces del mal. Esa purificación puede doler, porque implica renunciar a lo que contamina el corazón, pero también trae luz y claridad.
Hoy puedes preguntarte con honestidad: ¿hay algo que aún no he entregado por completo? ¿Estoy buscando la santidad como una prioridad, o solamente deseo sus beneficios? Acércate a Dios sin fingimiento y pídele que haga en ti esa obra profunda. La letra afirma que su voluntad es tu santificación y que, al recibirla, tu corazón puede llenarse de justicia, paz y gozo.
No tienes que caminar dominado por el temor o la reprensión. Puedes confiar en que Dios desea guardarte y formar en ti una vida hermosa. Da hoy un paso de fe: entrégate nuevamente, suplica santidad y permite que el perfecto amor transforme tu manera de vivir.