La Iglesia Es Tuya
esta hermosa letra habla de una súplica sencilla y urgente: entregar la iglesia al Señor y anhelar su presencia. El tema central es la búsqueda de una renovación espiritual que despierte a una comunidad dormida y apremie a vivir con propósito. Se reconoce que el tiempo pasa y la acción se demora, por lo que se clama por la fuerza divina para encender un avivamiento que transforme la vida de la iglesia y su entorno. El mensaje invita a no conformarse con la quietud, sino a abrirse al poder de lo alto para que la fe se vuelva acción, esperanza y comunidad viva.
Letra
La iglesia es tuya, Señor, te pedimos,
Tu santa presencia deseamos tener;
El tiempo vuela y nosotros dormimos
Por eso te pedimos tu santo poder;
Aviva tu obra en medio de los tiempos,
Porque a paso lento va por doquier.
Derrama, oh, Cristo bueno, un gran avivamiento,
Que sienta tu iglesia tu santo poder
Tu santa presencia deseamos tener;
El tiempo vuela y nosotros dormimos
Por eso te pedimos tu santo poder;
Aviva tu obra en medio de los tiempos,
Porque a paso lento va por doquier.
Derrama, oh, Cristo bueno, un gran avivamiento,
Que sienta tu iglesia tu santo poder
Reflexión
Reconocer que la iglesia le pertenece por completo al Señor es el punto de partida para caminar en verdadera humildad y devoción. En medio de las ocupaciones diarias, es fácil olvidar a quién pertenecemos y perder de vista la necesidad constante de buscar su santa presencia. Esta hermosa plegaria nos invita a detenernos y a mirar con sinceridad el estado de nuestro propio corazón. Nos confronta de manera muy tierna, pero firme, con una realidad que a menudo evitamos admitir: el tiempo vuela y, sin darnos cuenta, podemos caer en un profundo sueño espiritual, avanzando a un paso lento que no refleja la grandeza del amor divino.
Esta reflexión es una invitación cálida a despertar de ese letargo. El adormecimiento espiritual nos aleja de la pasión y del propósito, pero la maravillosa certeza que tenemos es que Cristo, en su infinita bondad, siempre está dispuesto a escucharnos cuando clamamos por su santo poder. Hoy te invito a hacer tuya esta oración en lo personal. No permitas que los días transcurran en la rutina o en la apatía. Es el momento oportuno para pedir con fe que el Señor avive su obra en ti, que renueve tus fuerzas y que encienda otra vez ese fuego que quizás se ha ido apagando con el paso de los años.
Un verdadero avivamiento no comienza en lo masivo, sino en lo íntimo de cada vida que decide rendirse y clamar. Al pedir que se derrame ese gran avivamiento sobre la iglesia, estamos abriendo las puertas de nuestra propia alma para experimentar una presencia transformadora. Sintamos hoy ese santo poder que restaura, que levanta al cansado y que nos impulsa a caminar con un paso firme, alegre y decidido. Confiemos plenamente en la bondad de nuestro buen Cristo y permitamos que su gracia despierte nuestro espíritu hoy mismo.
Esta reflexión es una invitación cálida a despertar de ese letargo. El adormecimiento espiritual nos aleja de la pasión y del propósito, pero la maravillosa certeza que tenemos es que Cristo, en su infinita bondad, siempre está dispuesto a escucharnos cuando clamamos por su santo poder. Hoy te invito a hacer tuya esta oración en lo personal. No permitas que los días transcurran en la rutina o en la apatía. Es el momento oportuno para pedir con fe que el Señor avive su obra en ti, que renueve tus fuerzas y que encienda otra vez ese fuego que quizás se ha ido apagando con el paso de los años.
Un verdadero avivamiento no comienza en lo masivo, sino en lo íntimo de cada vida que decide rendirse y clamar. Al pedir que se derrame ese gran avivamiento sobre la iglesia, estamos abriendo las puertas de nuestra propia alma para experimentar una presencia transformadora. Sintamos hoy ese santo poder que restaura, que levanta al cansado y que nos impulsa a caminar con un paso firme, alegre y decidido. Confiemos plenamente en la bondad de nuestro buen Cristo y permitamos que su gracia despierte nuestro espíritu hoy mismo.