La Historia De La Cruz
esta hermosa letra presenta un llamado claro: la misión de llevar a otros la historia de la cruz. A través de imágenes de luz que ilumina el mundo y compasión que ve a los pecadores, se propone que la salvación llega por la fe y se ofrece como esperanza eterna. El tema central es la proclamación del amor y la gracia de Jesús, invitando a las personas a abandonar la oscuridad y encontrar libertad en Él. Además, se subraya la tarea de enviar a quienes han conocido ese mensaje, para consolar, fortalecer y guiar a quienes vagan sin rumbo. En conjunto, es un mensaje de proclamación y misión.
Letra
I
Iglesia de Cristo dice el Salvador,
Te he llamado para ser la luz,
Siempre inunda al mundo con tu resplandor,
Cuéntale la historia de la cruz.
Cuéntales la historia del bendito Cristo,
Que a los pecadores compasivo ve;
Diles que en el Gólgota Dios ha provisto,
Salvación eterna por la fe.
II
El gemido escucha de la humanidad,
Que perdida vaga sin Jesús;
Dile que el Señor da plena libertad
Cuéntale la historia de la cruz.
III
¿A quien enviaremos y quién nos irá,
Como lo hizo Cristo en Emaús?
¿Quién el alma triste hoy consolará?
Cuéntale la historia de la cruz.
IV
Ve a las multitudes que errabundas van,
Diles del amor de mi Jesús;
Piensa en los millares que muriendo están,
Cuéntales la historia de la cruz.
Iglesia de Cristo dice el Salvador,
Te he llamado para ser la luz,
Siempre inunda al mundo con tu resplandor,
Cuéntale la historia de la cruz.
Cuéntales la historia del bendito Cristo,
Que a los pecadores compasivo ve;
Diles que en el Gólgota Dios ha provisto,
Salvación eterna por la fe.
II
El gemido escucha de la humanidad,
Que perdida vaga sin Jesús;
Dile que el Señor da plena libertad
Cuéntale la historia de la cruz.
III
¿A quien enviaremos y quién nos irá,
Como lo hizo Cristo en Emaús?
¿Quién el alma triste hoy consolará?
Cuéntale la historia de la cruz.
IV
Ve a las multitudes que errabundas van,
Diles del amor de mi Jesús;
Piensa en los millares que muriendo están,
Cuéntales la historia de la cruz.
Reflexión
Querido hermano y hermana, hoy el Salvador nos dirige una invitación tierna pero urgente: nos llama a ser la luz que inunde de resplandor un mundo necesitado. Nuestra misión principal no es compleja, sino profunda y llena de amor; se trata simplemente de contar la hermosa historia de la cruz. Esta es la historia del bendito Cristo, quien nos mira con infinita compasión a pesar de nuestros errores. Es el relato de cómo Dios, en el Gólgota, proveyó una salvación eterna que podemos recibir sencillamente por medio de la fe. Al recordar este sacrificio, nuestro corazón se llena de gratitud y se enciende en nosotros el deseo de compartir este regalo con los demás.
Si nos detenemos un momento a observar y escuchar con atención a nuestro alrededor, percibiremos el gemido de una humanidad que vaga perdida, sin el consuelo de Jesús. Son multitudes errabundas, miles de almas que sufren en la desesperanza y mueren sin conocer el amor divino. Ante esta realidad, no podemos permanecer indiferentes. La cruz nos desafía a abrir los ojos para ver la necesidad ajena y a proclamar con valentía que el Señor ofrece una plena libertad a todo aquel que se siente cautivo por el dolor o el pecado.
La pregunta del Salvador resuena hoy directamente en tu corazón: ¿A quién enviaremos y quién irá por nosotros? Así como Cristo mismo lo hizo en el camino de Emaús, acercándose a los desanimados, hoy se buscan corazones dispuestos a consolar al alma triste. Te invito a responder con fe y de manera personal a este llamado. Permite que el amor de Jesús sane y transforme primero tu vida, y luego, con calidez y respeto, comparte esa misma esperanza con quienes te rodean. Llevemos la luz de la cruz a cada rincón, pues en ella se encuentra la verdadera vida.
Si nos detenemos un momento a observar y escuchar con atención a nuestro alrededor, percibiremos el gemido de una humanidad que vaga perdida, sin el consuelo de Jesús. Son multitudes errabundas, miles de almas que sufren en la desesperanza y mueren sin conocer el amor divino. Ante esta realidad, no podemos permanecer indiferentes. La cruz nos desafía a abrir los ojos para ver la necesidad ajena y a proclamar con valentía que el Señor ofrece una plena libertad a todo aquel que se siente cautivo por el dolor o el pecado.
La pregunta del Salvador resuena hoy directamente en tu corazón: ¿A quién enviaremos y quién irá por nosotros? Así como Cristo mismo lo hizo en el camino de Emaús, acercándose a los desanimados, hoy se buscan corazones dispuestos a consolar al alma triste. Te invito a responder con fe y de manera personal a este llamado. Permite que el amor de Jesús sane y transforme primero tu vida, y luego, con calidez y respeto, comparte esa misma esperanza con quienes te rodean. Llevemos la luz de la cruz a cada rincón, pues en ella se encuentra la verdadera vida.