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Himno

La Gloria De Dios

esta hermosa canción presenta una promesa de victoria y esperanza en medio de la lucha espiritual. Su tema central es la confianza en Jesucristo como quien concede la corona y la salvación al final del camino, incluso cuando el enemigo intenta engañar. Se revela una certeza de protección divina: en los brazos de Dios la batalla no termina en derrota. El mensaje invita a perseverar con paciencia, viviendo por la fe y aguardando la gloria junto a Cristo, donde ya no habrá tristeza ni dolor. Cierra con un canto de alabanza eterna, una proclamación de la gloria que corresponde al Supremo Rey y a su reino inmortal.

Letra

Llegaremos un día a la gloria,
Combatiendo las fuerzas del mal;
Jesucristo nos da la corona
Si llegamos con El al final.
Y aunque el diablo se levante furioso,
Con astucia nos quiera engañar,
Nuestro Dios es más poderoso:
En sus brazos nos ha de guardar.

La gloria... la gloria, Tú mereces, Señor,
Que te demos la gloria

Cuando estemos con Cristo en su gloria
Ya no habrá más tristeza y dolor,
Mientras tanto corred con paciencia,
La carrera que El nos dejó.
Por la fe viviremos con Cristo,
Reinaremos en gloria con El,
Cantaremos por siempre alabanzas,
¡Aleluya al Supremo Rey!

Reflexión

Querido hermano y hermana en la fe, la vida se nos presenta como un camino de perseverancia, un trayecto donde cada paso nos acerca a esa hermosa promesa de llegar un día a la gloria de Dios. En este andar, es natural que encontremos dificultades y que debamos combatir contra las fuerzas que intentan apartarnos del propósito divino. Sin embargo, la mayor certeza que sostiene nuestro corazón es que no caminamos solos. Jesucristo mismo nos acompaña y nos asegura una corona de victoria si permanecemos junto a Él hasta el final. Esta promesa no es para desalentarnos, sino para encender en nosotros una fe inquebrantable que mira hacia la meta eterna.

En el día a día, podemos sentir que el mal se levanta con furia y astucia, intentando engañarnos y hacernos dudar. En esos momentos de debilidad, cuando la tristeza o el dolor parezcan ganar terreno, te invito a recordar que nuestro Dios es infinitamente más poderoso. No hay engaño ni fuerza contraria que pueda arrebatarnos de sus brazos amorosos, donde siempre hallaremos refugio seguro. Esta verdad debe llevarnos a descansar en su cuidado, sabiendo que Aquel que nos sostiene es el único merecedor de toda nuestra alabanza y adoración.

Por eso, la invitación para ti hoy es a correr con paciencia la carrera que Él nos ha dejado por delante. Aunque el camino a veces sea exigente, vivamos cada día por la fe, con la mirada puesta en ese glorioso mañana donde ya no habrá más llanto ni dolor. Te animo a entregarle hoy mismo tu caminar a Jesucristo, a confiar en su fortaleza y a rendirle la gloria que solo Él merece. Unámonos desde ahora en ese canto de alabanza al Supremo Rey, viviendo con la dulce esperanza de que reinaremos con Él por la eternidad. Que tu fe se fortalezca hoy en sus brazos protectores.