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Himno

La Fuente Sanadora

Esta bella canción presenta una fuente sanadora abierta por el Salvador, cuyas aguas refrescantes tienen valor permanente y fluyen libremente para todos. Su mensaje central es que Cristo ofrece perdón, limpieza del corazón y salud a quienes se acercan con fe. La letra invita especialmente a los enfermos a probar su virtud y afirma que esta fuente sigue siendo eficaz hoy. Con un tono de confianza y gratitud, el canto celebra la sanidad recibida y da gloria a Dios. La imagen de sumergirse en la fuente representa una entrega creyente a la obra salvadora y restauradora de Cristo.

Letra

I
Ved la fuente sanadora
La que abrió el Salvador
Cuyas aguas refrescantes,
Son de perennal valor.

¡Oh, preciosa fuente sanadora!
Para todos fluye libre;
¡Oh, preciosa fuente sanadora!
¡Gloria a Dios! me sana a mi.

II
En la fuente que nos sana,
He hallado el perdón;
Y lavado toda mancha,
De mi pobre corazón.

III
En la fuente que nos sana,
Cristo ofrece la salud;
Pues venid, enfermos todos,
Probaréis su gran virtud.

IV
Esta fuente que nos sana,
Aun hoy día es eficaz;
Ven, sumérgete en ella,
Cree, y sano quedarás.

Reflexión

Hay momentos en los que puedes sentir tu corazón cansado, manchado o herido. Tal vez llevas preocupaciones que no has podido expresar, culpas que te pesan o una necesidad profunda de renovación. Esta letra te presenta una imagen sencilla y poderosa: una fuente sanadora, abierta por el Salvador, cuyas aguas refrescan y cuyo valor permanece.

La invitación no está reservada para quienes se consideran fuertes o dignos. La fuente fluye libremente para todos. Puedes acercarte tal como estás, con tu fragilidad, tus preguntas y tus heridas. En ella, la canción proclama que hay perdón y que toda mancha puede ser lavada. No se trata de esconder lo que llevas dentro, sino de confiarlo a Cristo, creyendo que su amor puede traer limpieza y descanso a tu corazón.

También se te invita a reconocer tu necesidad. “Venid, enfermos todos” expresa que no tienes que esperar a sentirte bien para acercarte. Así como una persona sedienta recibe alivio al llegar al agua, tú puedes buscar en Cristo la salud y la restauración que necesitas. Quizá esa sanidad se manifieste como paz, como libertad de la culpa, como esperanza renovada o como la fuerza para continuar un día más.

La fuente sigue siendo eficaz “aun hoy día”. Esa afirmación te recuerda que la gracia de Cristo no pertenece solamente al pasado ni es una idea distante. Hoy puedes creer, acercarte y permitir que su presencia transforme tu interior. Da un paso sincero: habla con Él, reconoce tu necesidad y recibe con confianza el perdón que ofrece.

No tienes que vivir para siempre bajo el peso de tus manchas ni de tus heridas. La fuente está abierta, y la invitación sigue vigente. Acércate con humildad y fe. Allí puedes encontrar un nuevo comienzo, refresco para el alma y motivos para decir con gratitud: gloria a Dios, también a mí me sana.