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Coro

Jesús, Señor De La Creación

esta bella canción presenta a Jesús como motor central de la creación y fuente de redención. A partir de una revelación de hondura espiritual, la letra describe su renuncia y su despojo, tomando forma humana y viviendo entre nosotros con pureza y sin mancha. A través de un lenguaje de sometimiento humilde, la voz canta su entrega total: una vida entregada y una muerte en una cruz. En respuesta, el texto afirma una exaltación divina suprema: Dios lo eleva y engrandece su nombre. El mensaje invita a reconocer su autoridad universal, a doblar las rodillas y a declarar su señorío como respuesta de fe y adoración.

Letra

Jesús señor de la creación,
Siendo en forma de Dios se despojó de sí mismo,
Tomó la semejanza de hombre
Y siendo puro y sin mancha
Entre nosotros vivió.

Y a sí mismo se humilló tomando forma de siervo
Hasta su vida entregar y en una cruz terminar.

Mas Dios a lo sumo lo exaltó
Y su nombre engrandeció
Para que ante su autoridad
Toda rodilla se doble y toda lengua confiese
Que Jesús es el Señor

Reflexión

Cuando nos detenemos a contemplar la grandeza de Jesús, el Señor de la creación, nuestro corazón se llena de un profundo asombro. Aquel que sostiene el universo en sus manos decidió, por puro amor, despojarse de su gloria y tomar la semejanza de hombre. No vino con riquezas temporales ni con aires de superioridad; prefirió caminar entre nosotros en pureza y sin mancha, compartiendo nuestras vivencias cotidianas. Esta cercanía tan íntima nos invita a confiar en que no estamos solos en nuestras luchas, pues el Creador mismo eligió experimentar nuestra propia realidad para estar cerca de nosotros.

El camino de Jesús nos muestra que la verdadera grandeza se encuentra en la humildad y el servicio. Él no solo asumió nuestra condición humana, sino que se humilló a sí mismo tomando la forma de un siervo, entregando su vida por completo hasta terminar en una cruz. En un mundo que constantemente nos empuja a buscar el poder y el reconocimiento personal, la entrega de Jesús nos desafía a mirar nuestras propias vidas. Nos invita a deponer nuestro orgullo, a servir a quienes nos rodean y a confiar en que el sacrificio de amor en la cruz es el camino seguro hacia la verdadera reconciliación y paz interior.

Sin embargo, la muerte no tuvo la última palabra. Dios lo exaltó a lo sumo y engrandeció su nombre, otorgándole una autoridad ante la cual toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesús es el Señor. Hoy, esta hermosa realidad nos extiende una invitación cálida y respetuosa a la fe. Reconocer su señorío no es un acto de temor, sino una respuesta voluntaria de amor y confianza hacia Aquel que lo dio todo por nosotros. Te invito a abrir tu corazón en este día, a entregarle tus cargas y a confesar con gratitud que Jesús es el Señor de tu vida, permitiendo que su gracia guíe cada uno de tus pasos.