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Himno

Jesús Es Dios

Esta hermosa letra proclama la divinidad eterna de Jesús y su autoridad sobre toda la creación. Desde antes de existir el cielo, la tierra, el sol y la luna, Él ya era Dios. El canto también reconoce su poder creador, pues formó las estrellas, los mares, las montañas, los valles, los ríos y al ser humano, dándole vida. Además, presenta a Jesús actuando con autoridad sobre el mar y el viento, que le obedecen. Su mensaje central es una invitación a glorificar su Nombre, reconociéndolo como dueño de todo y como Dios en el cielo y en la tierra por los siglos.

Letra

Antes que hubiera cielo,
Jesús era Dios;
Antes que hubiera tierra,
Jesús era Dios;
Antes que hubiera sol,
Jesús era Dios;
Antes que hubiera luna,
Jesús era Dios.

El creó las estrellas,
Y los mares también;
Las montañas y valles,
Y los ríos también//.
Gloria, gloria a su Nombre
Por los siglos. Amén

Cuando llegó a Belén,
Jesús era Dios;
Cuando al mar furioso,
Jesús reprendió;
Le obedeció el viento,
Porque Él era Dios;
Cuando formó al hombre,
La vida le dio.

Él es dueño de todo,
Para Él lo creó;
Él es Dios en el cielo,
En la tierra también//.
Gloria, gloria a su nombre
Por los siglos. Amén

Reflexión

Antes de que existieran el cielo, la tierra, el sol o la luna, Jesús era Dios. Esta verdad nos invita a detenernos y contemplar su grandeza. Él no aparece como alguien limitado por el tiempo o por las circunstancias, sino como el Señor que estaba antes de todo lo creado. Las estrellas, los mares, las montañas, los valles y los ríos hablan de su poder y de su autoridad. Todo lo que contemplas tiene un Creador, y ese Creador merece la gloria.

Pero esta grandeza no permanece distante. La letra nos recuerda que Jesús llegó a Belén. El Dios que estaba antes del cielo y de la tierra se hizo cercano. También se nos presenta como aquel que reprendió al mar furioso, y el viento le obedeció. Esto puede fortalecer tu fe cuando atraviesas momentos de temor, confusión o agitación interior. Si el viento obedeció su voz, puedes acercarte a Él con confianza y poner en sus manos aquello que hoy parece fuera de control.

Jesús también formó al ser humano y le dio vida. Por eso tu existencia no es insignificante ni está desconectada de su voluntad. Él es dueño de todo, y todo fue creado para Él. Esta verdad te llama a vivir con humildad, gratitud y entrega. Tus capacidades, tus días, tus relaciones y tus decisiones pueden convertirse en una respuesta de adoración.

Hoy puedes preguntarte: ¿reconozco a Jesús como Dios en cada área de mi vida? No solamente cuando todo marcha bien, sino también cuando enfrentas incertidumbre o dolor. Invítalo a ocupar el centro, confía en su autoridad y permite que tu corazón vuelva a alabarlo. Él es Dios en el cielo y en la tierra; por eso, tu vida puede descansar en Él y proclamar con sinceridad: gloria a su nombre por los siglos. Amén.