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Coro

Hoy Quiebro Mi Alabastro

esta hermosa letra habla de una entrega total al encuentro con Cristo. En ella, lo mejor que se puede ofrecer es la presencia del Autor, dejando atrás lo que represente alabastro para derramar lo más precioso: un perfume de adoración. El cántico sube como aroma suave que llena el ambiente, señal de un corazón rendido que busca al Rey y Salvador. La canción transmite la idea de que la intimidad con Él transforma el momento de alabanza en una experiencia que impregna cada rincón. Su mensaje central es simple pero profundo: la devoción sincera y desinteresada eleva la adoración hacia quien es digno de todo honor.

Letra

No hay nada mejor que estar con Cristo,
No hay nada mejor que buscar de su presencia

Hoy quiebro mi alabastro lo derramo ante Ti
Y el perfume llena este lugar,
Que suba este aroma con un cántico a Ti,
Cristo mi Rey, mi Salvador.

Reflexión

En el caminar de la vida, a menudo nos encontramos buscando refugio, dirección y un sentido de paz que el mundo exterior no puede ofrecer. Es en medio de esa búsqueda sincera donde descubrimos una verdad profunda y reconfortante: no hay absolutamente nada mejor que estar con Cristo y buscar de su presencia. Su cercanía no es un concepto lejano, sino un refugio seguro para nuestra alma. Cuando decidimos detenernos, apartar el ruido cotidiano y buscarle con el corazón abierto, experimentamos un descanso verdadero que renueva nuestras fuerzas y nos devuelve la esperanza.

Este encuentro íntimo con el Señor nos invita a una respuesta de amor y entrega total. Al acercarnos a Jesús, se nos presenta la hermosa oportunidad de quebrar nuestro propio alabastro y derramarlo ante Él. Este frasco representa lo más valioso que poseemos: nuestra propia vida, nuestras preocupaciones, nuestros anhelos y nuestra vulnerabilidad. Romperlo no significa una pérdida, sino un acto de profunda fe y confianza en que depositamos nuestro ser en las mejores manos. Al entregarnos sin reservas, permitimos que la fragancia de una adoración genuina comience a llenar cada rincón de nuestra existencia y de nuestro hogar.

Te invito hoy a dar ese paso de fe y a hacer de esta entrega una experiencia personal. No temas presentarte ante Cristo tal como eres, reconociéndolo como tu Rey y tu Salvador. Que tu vida diaria se convierta en ese aroma agradable que sube hacia Él, acompañado de un cántico constante de gratitud. Al derramar tu corazón en su presencia, descubrirás que no hay lugar más seguro ni amor más grande que el que encuentras a los pies de Jesús, donde siempre serás recibido con gracia y misericordia.