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Himno

Hechos 2

esta bella canción presenta un mensaje de fe, esperanza y encuentro con lo divino. Observa a personas reunidas, orando y aguardando la promesa, preparándose para lo que vendrá. En el momento decisivo llega una experiencia poderosa: el Espíritu Santo desciende y llena cada hogar, otorgando consuelo, dirección y una fuerza que transforma la manera de expresarse. La presencia de Dios invita a cantar y alabar, a celebrar con gratitud lo que sucede dentro y entre la gente. A través de la sorpresa de oír distintas lenguas, la canción señala que la salvación y el mensaje del amor se comparten más allá de fronteras, uniendo corazones en una misma adoración.

Letra

Ciento veinte estaban reunidos,
Allá arriba en aquel aposento;
Esperando la promesa del Señor,
Estaban, estaban,
Sin saber cómo, ni cuándo, llegará,
Oraban, oraban.

En el día de Pentecostés
Con estruendo de los cielos descendió;
El Espíritu Santo llegó,
Y la casa de su gloria se llenó.
Los que estaban reunidos,
El Espíritu de Dios los bautizó;
El Espíritu les daba
Que hablarán esa lengua celestial.
Alábale, alábale, alaba a mi Señor

Los que habían venido a la fiesta,
De los pueblos vecinos oyeron;
El estruendo y el viento que sopló,
Estaban, confusos,
Porque les oían en su lengua hablar,
Dijeron ¿qué es esto?.

Reflexión

Imagina por un momento encontrarte entre aquellos ciento veinte que estaban reunidos en aquel aposento. Ellos esperaban la promesa del Señor, pero lo hacían en medio de la incertidumbre: no sabían cómo ni cuándo llegaría. Sin embargo, su respuesta ante la espera no fue la desesperación, sino la oración constante y la unidad. En nuestra vida diaria, a menudo nos encontramos en "aposentos" de espera, aguardando respuestas, sanidad o dirección. Esta hermosa letra nos invita a imitar esa fe paciente, recordándonos la importancia de mantenernos orando y confiando en que las promesas de Dios son reales, aun cuando el tiempo y las formas nos resulten completamente desconocidos.

La fidelidad de esa espera tuvo su recompensa en el día de Pentecostés. Con un estruendo que descendió de los cielos, el Espíritu Santo llegó, llenando la casa con su gloria y bautizando a los allí reunidos con una lengua celestial para alabar. Cuando el Espíritu de Dios toca una vida, transforma el ambiente, disipa el temor y desata una adoración genuina. Hoy, el Señor te hace una invitación muy cálida: permite que su Espíritu llene tu vida y tu hogar, para que tu respuesta natural ante las maravillas de Dios sea adorarle con todo el corazón, exclamando con gozo: "¡Alábale, alaba a mi Señor!".

Finalmente, este mover divino no se quedó encerrado entre esas cuatro paredes. Los habitantes de los pueblos vecinos oyeron el estruendo y el viento, y se acercaron confundidos al escuchar a los creyentes hablar en sus propias lenguas, preguntándose: "¿Qué es esto?". Tu fe y tu comunión con el Espíritu Santo deben tener ese mismo impacto en quienes te rodean. Que tu vida, transformada por su gloria, sea un testimonio tan evidente que despierte curiosidad y esperanza en los demás. Te invito a abrir hoy tu corazón a su presencia, a perseverar en la oración y a dejar que el viento de su Espíritu sople con fuerza en tu caminar.