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Himno

Hay Un Precioso Manantial

esta hermosa canción presenta un tema central de purificación y salvación a través de la sangre de Cristo. En sus versos, surge la imagen de un manantial precioso y la sangre que limpia a cada persona que se sumerge en ella, destacando la idea de un perdón completo y definitivo. Se menciona la conversión del malhechor y la posibilidad de lavado para todos los que creen, enfatizando que la fe en Jesús abre un camino de purificación. El canto exalta una fuente eterna y un amor puro que se derrama sobre el pueblo del Señor, invitando a vivir en gratitud y gozo por ese poder transformador.

Letra

I
Hay un precioso manantial,
De sangre de Emmanuel,
Que purifica a cada cual,
Que se sumerge en él.

Sí, salvo soy, sí, salvo soy,
Sí, salvo soy, sí, salvo soy,
Por la sangre de Cristo, mi Señor,
Por la sangre de Cristo, mi Señor,
Por la sangre de Cristo, mi Señor,
La sangre de su cruz.

II
El malhechor se convirtió,
Pendiente de una cruz;
Él vio la fuente y se lavó,
Creyendo en Jesús.

III
Y yo también mi pobre ser,
Allá logré lavar;
La gloria de su gran poder,
Me gozo en ensalzar.

IV
¡Eterna fuente carmesí!
¡Raudal de puro amor!
Se lavará por siempre en Ti,
El pueblo del Señor.

Reflexión

La vida nos presenta a menudo con el peso de nuestras propias imperfecciones y la búsqueda constante de un nuevo comenzar. En medio de esa búsqueda, la hermosa verdad de un "precioso manantial" se alza como una invitación de amor y esperanza. No se trata de un esfuerzo humano, sino de la obra redentora de Emmanuel, cuya sangre derramada en la cruz tiene el poder de purificar de manera profunda a cada persona que decide sumergirse en ella. Este torrente no es exclusivo para unos pocos; es una fuente abierta para todo aquel que reconozca su necesidad de ser restaurado.

El tierno relato del malhechor que, estando al borde de la muerte en una cruz, creyó en Jesús y fue transformado, nos recuerda que nunca es tarde para acercarse a la gracia divina. Él vio esa fuente de amor, se lavó en ella por medio de la fe y encontró la salvación. De la misma manera, cada uno de nosotros, al reconocer la fragilidad de nuestro "pobre ser", podemos acudir a este mismo manantial. Al dar ese paso de fe, la culpa es reemplazada por un gozo profundo que nos impulsa a alabar el gran poder de nuestro Salvador.

Hoy, la invitación pastoral es muy sencilla pero transformadora: acude a esta "eterna fuente carmesí" y experimenta el "raudal de puro amor" que fluye de la cruz. No importa cuán cargado te sientas o cuán lejos creas estar; el sacrificio de Cristo es suficiente para darte una vida nueva. Te invito a abrir tu corazón con fe y a apropiarte de esta hermosa promesa. Que puedas declarar con total confianza y gratitud en tu alma: "Sí, salvo soy por la sangre de Cristo, mi Señor". Permite que su amor limpie tu pasado y asegure tu caminar eterno como parte de su pueblo.