Hay Pureza Y Libertad
Esta hermosa letra presenta la santidad como una experiencia transformadora que trae pureza, libertad, seguridad, paz y victoria al corazón consagrado a Jesús. Su mensaje central es que existe poder para salvar, limpiar y guardar de aquello que separa del bien, incluso cuando el alma ha tropezado con el mal heredado. La canción invita a recibir la plenitud de la gracia, el gozo, la gloria y la virtud ofrecidas por Cristo. También destaca que el perfecto amor vence el temor y permite vivir en santidad, confiando en una renovación profunda y en una vida sostenida por la gracia.
Letra
I
Hay pureza, libertad y en Jesús seguridad
Para el consagrado corazón;
Hay vigor y dulce paz y victoria más y más
Frutos de la santificación.
Hay poder, hay poder de salvar y de santificar;
Tengo paz y libertad
Desde que ando en santidad;
Hay poder de limpiar y de guardar.
II
Aunque tu alma tropezó con el mal que heredó
Hay remedio eficaz del mal;
Tu maldad se quitará, lo carnal se deshará
Por aquel poder pentecostal.
III
Gracia tiene plenitud, gozo, gloria y virtud
Para ti si quieres recibir;
Cristo da el perfecto amor que hecha fuera tu temor
Y en la santidad podrás vivir.
Hay pureza, libertad y en Jesús seguridad
Para el consagrado corazón;
Hay vigor y dulce paz y victoria más y más
Frutos de la santificación.
Hay poder, hay poder de salvar y de santificar;
Tengo paz y libertad
Desde que ando en santidad;
Hay poder de limpiar y de guardar.
II
Aunque tu alma tropezó con el mal que heredó
Hay remedio eficaz del mal;
Tu maldad se quitará, lo carnal se deshará
Por aquel poder pentecostal.
III
Gracia tiene plenitud, gozo, gloria y virtud
Para ti si quieres recibir;
Cristo da el perfecto amor que hecha fuera tu temor
Y en la santidad podrás vivir.
Reflexión
Tal vez llevas tiempo deseando vivir con un corazón más limpio, firme y libre. La letra nos recuerda que en Jesús hay “pureza, libertad y seguridad” para quien se entrega a Él. No se presenta la santidad como una carga fría o inalcanzable, sino como una vida marcada por la paz, el vigor, la victoria y frutos que transforman la manera de caminar cada día.
Quizá has tropezado con el mal que reconoces en tu interior. Tal vez te pesa aquello que no puedes cambiar por tus propias fuerzas, o sientes que ciertas inclinaciones te roban la libertad. Este mensaje te invita a no quedarte atrapado en la culpa ni en la resignación. Afirma que hay un remedio eficaz: un poder capaz de limpiar, quitar la maldad y guardar tu vida. No necesitas fingir que todo está bien; puedes acercarte con sinceridad y abrir tu corazón a la obra de Jesús.
La canción también habla de una paz recibida, de una libertad que comienza cuando se anda en santidad. Esto puede llevarte a preguntarte: ¿qué parte de mi vida necesito rendir hoy? ¿Qué temor, hábito o lucha deseo poner delante de Cristo? La respuesta no está solamente en esforzarte más, sino en recibir la gracia que se ofrece plenamente para ti.
Cristo da un amor perfecto que echa fuera el temor. En esa promesa hay una invitación cálida: confía, recibe y permite que su poder forme en ti una vida nueva. La santidad no significa vivir aislado de las luchas, sino caminar con un corazón consagrado, sostenido y guardado.
Hoy puedes acercarte a Jesús con fe sencilla. Pídele pureza, libertad y paz; entrégale aquello que te domina y disponte a vivir bajo su dirección. La gracia está disponible para ti, y su poder puede sostenerte para avanzar, no solo por un momento, sino cada día.
Quizá has tropezado con el mal que reconoces en tu interior. Tal vez te pesa aquello que no puedes cambiar por tus propias fuerzas, o sientes que ciertas inclinaciones te roban la libertad. Este mensaje te invita a no quedarte atrapado en la culpa ni en la resignación. Afirma que hay un remedio eficaz: un poder capaz de limpiar, quitar la maldad y guardar tu vida. No necesitas fingir que todo está bien; puedes acercarte con sinceridad y abrir tu corazón a la obra de Jesús.
La canción también habla de una paz recibida, de una libertad que comienza cuando se anda en santidad. Esto puede llevarte a preguntarte: ¿qué parte de mi vida necesito rendir hoy? ¿Qué temor, hábito o lucha deseo poner delante de Cristo? La respuesta no está solamente en esforzarte más, sino en recibir la gracia que se ofrece plenamente para ti.
Cristo da un amor perfecto que echa fuera el temor. En esa promesa hay una invitación cálida: confía, recibe y permite que su poder forme en ti una vida nueva. La santidad no significa vivir aislado de las luchas, sino caminar con un corazón consagrado, sostenido y guardado.
Hoy puedes acercarte a Jesús con fe sencilla. Pídele pureza, libertad y paz; entrégale aquello que te domina y disponte a vivir bajo su dirección. La gracia está disponible para ti, y su poder puede sostenerte para avanzar, no solo por un momento, sino cada día.