Fuente De La Vida Eterna
Esta hermosa letra es una oración de alabanza y entrega dirigida a Dios, reconocido como la fuente de la vida eterna y de toda bendición. Su mensaje central destaca la grandeza de su gracia, su piedad inagotable y su disposición constante a perdonar. También expresa gratitud por el amor y la compasión con que rescata y busca a las almas. En la última estrofa, el canto se convierte en una súplica: pide un corazón lleno de verdad, dones espirituales y santidad, además de guía para vivir con obediencia, humildad, amor y fe, confiando siempre en la clemencia del Salvador.
Letra
I
Fuente de la vida eterna
Y de toda bendición,
Ensalzar tu gracia tierna,
Debe cada corazón.
Tu piedad inagotable,
Abundante en perdonar;
Único ser adorable,
Gloria a Ti debemos dar.
II
De los cánticos celestes,
Te quisiéramos cantar,
Entonados por las huestes
Que lograste rescatar;
Almas que a buscar viniste,
Porque les tuviste amor;
De ellas te compadeciste
Con tiernísimo favor.
III
Toma nuestros corazones
Llénalos de tu verdad,
De tu Espíritu los dones,
Y de toda santidad.
Guíanos en obediencia,
Humildad, amor y fe;
Nos ampare tu clemencia;
Salvador, propicio sé.
Fuente de la vida eterna
Y de toda bendición,
Ensalzar tu gracia tierna,
Debe cada corazón.
Tu piedad inagotable,
Abundante en perdonar;
Único ser adorable,
Gloria a Ti debemos dar.
II
De los cánticos celestes,
Te quisiéramos cantar,
Entonados por las huestes
Que lograste rescatar;
Almas que a buscar viniste,
Porque les tuviste amor;
De ellas te compadeciste
Con tiernísimo favor.
III
Toma nuestros corazones
Llénalos de tu verdad,
De tu Espíritu los dones,
Y de toda santidad.
Guíanos en obediencia,
Humildad, amor y fe;
Nos ampare tu clemencia;
Salvador, propicio sé.
Reflexión
Cuando piensas en Dios como la “Fuente de la vida eterna” y de toda bendición, tu corazón es invitado a reconocer que todo lo bueno procede de Él. No se trata solamente de pronunciar palabras de gratitud, sino de permitir que esa verdad transforme tu manera de vivir. Cada corazón puede ensalzar su gracia tierna, porque su piedad es inagotable y su perdón abundante. Aun cuando descubres tus límites, tus errores o tu fragilidad, puedes acercarte con confianza al Dios que se compadece con ternura.
La letra también te recuerda que has sido buscado por amor. No eres presentado como alguien olvidado o ignorado, sino como una vida hacia la cual se dirigió la compasión del Salvador. Esta certeza puede sostenerte en los momentos en que te sientas lejos, cansado o indigno. Su amor no nace de tus méritos, sino de su favor bondadoso. Por eso, la respuesta adecuada no es la autosuficiencia, sino la adoración: reconocer que solo Él es digno de gloria.
Sin embargo, recibir su gracia no significa permanecer igual. La oración “toma nuestros corazones” expresa una entrega sincera. Puedes presentarle a Dios lo que eres: tus pensamientos, deseos, decisiones y heridas, pidiéndole que los llene de verdad, de dones espirituales y de santidad. Esa transformación se manifiesta en una vida guiada por la obediencia, la humildad, el amor y la fe.
Hoy puedes hacer una pausa y preguntarte qué parte de tu corazón necesitas poner en sus manos. Tal vez haya resistencia, temor o culpa. Entrégaselos con sencillez, confiando en su clemencia. Permite que su perdón te levante, que su verdad te oriente y que su amor te enseñe a tratar a otros con la misma ternura que has recibido. Con un corazón agradecido, puedes decirle: Salvador, sé propicio conmigo y guíame cada día.
La letra también te recuerda que has sido buscado por amor. No eres presentado como alguien olvidado o ignorado, sino como una vida hacia la cual se dirigió la compasión del Salvador. Esta certeza puede sostenerte en los momentos en que te sientas lejos, cansado o indigno. Su amor no nace de tus méritos, sino de su favor bondadoso. Por eso, la respuesta adecuada no es la autosuficiencia, sino la adoración: reconocer que solo Él es digno de gloria.
Sin embargo, recibir su gracia no significa permanecer igual. La oración “toma nuestros corazones” expresa una entrega sincera. Puedes presentarle a Dios lo que eres: tus pensamientos, deseos, decisiones y heridas, pidiéndole que los llene de verdad, de dones espirituales y de santidad. Esa transformación se manifiesta en una vida guiada por la obediencia, la humildad, el amor y la fe.
Hoy puedes hacer una pausa y preguntarte qué parte de tu corazón necesitas poner en sus manos. Tal vez haya resistencia, temor o culpa. Entrégaselos con sencillez, confiando en su clemencia. Permite que su perdón te levante, que su verdad te oriente y que su amor te enseñe a tratar a otros con la misma ternura que has recibido. Con un corazón agradecido, puedes decirle: Salvador, sé propicio conmigo y guíame cada día.