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Coro

Este es el Cristo que yo predico

Esta bella canción presenta un relato de fe centrado en la figura de Cristo y su poder redentor. A partir de la letra, se revela a un Jesús que libera a los oprimidos, sana a los enfermos y expulsa lo que atormenta, mostrando una autoridad compasiva sobre las circunstancias humanas. También se percibe la serenidad que provoca en medio de la tormenta, sugiriendo confianza en su intervención en medio de crisis. El mensaje central es la adoración constante: una declaración de reconocimiento y agradecimiento por su obra y su capacidad de transformar vidas. En conjunto, la canción invita a confiar y a responder con alabanza y gratitud continua hacia Él.

Letra

Este es el Cristo
que yo predico
y no me canso de predicar

Él sana a los enfermos
hecha fuera demonios
y calma la tempestad

/Y yo le alabaré
Y yo le alabaré
Y yo le alabaré
diciendo Gloria a Dios/

Reflexión

Querido hermano y hermana, hoy quiero invitarte a detenerte por un momento y contemplar la maravillosa realidad de aquel a quien anunciamos con tanta pasión. El canto que entonamos nos recuerda una verdad sencilla pero profundamente transformadora: caminamos de la mano de un Cristo vivo, un Salvador que no se limita al pasado, sino que actúa con poder en nuestro presente. Cuando declaramos con alegría que no nos cansamos de predicarle, no lo hacemos por una mera costumbre, sino porque hemos experimentado en nuestra propia vida su amor inagotable y su gracia restauradora. Él es el centro de nuestra fe y la fuente de nuestra esperanza diaria.

Este Cristo que hoy te presento es el mismo que tiene el poder de sanar las dolencias del cuerpo y del alma, de liberar tu vida de cualquier opresión o carga que intente robarte la paz, y de traer una calma sobrenatural en medio de las tempestades más oscuras. Quizás hoy te encuentres atravesando una enfermedad física o emocional, enfrentando batallas internas difíciles de librar, o sintiendo que los vientos de la incertidumbre amenazan con hundir tu barca. Te invito a depositar tu confianza en Él. Su poder sigue vigente y se acerca a tu vida con ternura para calmar el viento, recordándote que no estás solo en medio de la tormenta.

Ante la grandeza de su obrar, nuestra respuesta más sincera no puede ser otra que la gratitud y la alabanza. Alzar nuestra voz para decirle «Gloria a Dios» es un acto de fe que transforma nuestra perspectiva y nos llena de fortaleza. Te invito a que hoy, sin importar las circunstancias que te rodeen, decidas alabarle con todo tu corazón. Permite que tu vida se convierta en un testimonio alegre de su amor y que tu boca no se canse de proclamar sus maravillas. Abre tu corazón a este Cristo lleno de compasión y descansa en la certeza de que Él camina a tu lado, sanando, liberando y trayendo una calma perfecta a tu existir.