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Himno

Entera Consagracion

Esta hermosa letra expresa un acto de entrega total y devoción. A través de imágenes de consagración, el tema central es poner la vida, las acciones y los deseos enteros a disposición de Dios. Se enfatiza la limpieza interior y la pureza moral, pidiendo que la voluntad personal se transforme en un instrumento del propósito divino. La canción invita a que cada gesto diario, cada palabra y cada impulso sean dirigidos hacia lo sagrado, para que el amor se refleje en el caminar y en la voz que bendice. En resumen, es un llamado a vivir plenamente rendido, para que todo lo que se es y se tiene sea para su gloria.

Letra

Que mi vida entera este,
Consagrada a Ti Señor,
Que mis manos puedan guiar,
El impulso de tu amor.

Lávame en tu sangre Salvador,
Límpiame de toda mi maldad.
Traigo a Ti mi vida para ser Señor
Tuya por la eternidad.

Que mis pies tan sólo en pos,
De lo santo puedan ir
Y que a Ti Señor mi voz,
Se complazca en bendecir.

Que mi tiempo todo esté,
Consagrado atu loor,
Que mis labios al hablar,
Hablen sólo de tu amor.

Toma ¡oh Dios! mi voluntad,
Hazla tuya nada más,
Toma si mi corazón,
Por tu trono lo tendrás.

Toma tú mi amor que hoy
A tus pies vengo a poner;
¡Toma todo lo que soy
Todo tuyo quiero ser!

Reflexión

Queridos hermanos y amigos, la vida de fe es un hermoso camino de entrega diaria, una respuesta de amor a la gracia que hemos recibido de nuestro Salvador. Al meditar en las profundas palabras de este canto, somos confrontados con una invitación tierna y transformadora: consagrar cada rincón de nuestra existencia a Dios. Este caminar comienza con la humildad de reconocer nuestra necesidad de ser restaurados. Al pedirle al Señor que nos lave en su sangre y nos limpie de toda maldad, abrimos las puertas de nuestro corazón a una renovación total. No se trata de una entrega a medias, sino del deseo sincero de traer nuestra vida ante Él para pertenecerle por toda la eternidad.

¿Cómo se traduce esta consagración en nuestra realidad cotidiana? Se manifiesta en los detalles más sencillos de nuestra rutina. Consagrar nuestra vida significa pedirle al Señor que guíe nuestras manos para que sean impulsadas únicamente por su amor, y que nuestros pies busquen siempre caminar en pos de lo santo. Te invito a reflexionar hoy: ¿hacia dónde se dirigen tus pasos cotidianos? ¿Qué acciones impulsan tus manos? Que nuestra voz y nuestro tiempo se conviertan en una ofrenda continua de bendición. Cuando decidimos que nuestros labios hablen solo de su amor, transformamos nuestro entorno, llevando esperanza a quienes nos rodean. Cada minuto de nuestro día es un regalo que podemos consagrar a su loor.

Finalmente, la consagración alcanza su punto más íntimo cuando entregamos a Dios nuestra voluntad y nuestro corazón para que Él establezca allí su trono. Rendir nuestra voluntad implica confiar en que sus planes son perfectos. Hoy, te animo con mucho respeto y cariño a dar ese paso de fe. Ven a sus pies y pon delante de Él tu amor y todo lo que eres. Al decirle con sinceridad "toma todo lo que soy, todo tuyo quiero ser", experimentarás la verdadera paz que surge al rendirte ante Aquel que te ama con un amor eterno.