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Himno

Entera Consagración (2)

esta hermosa canción transmite un llamado claro a la entrega total: una vida consagrada al Señor. A través de imágenes de limpiarse y ser lavados, la letra enfatiza la necesidad de pureza y renuncia del yo para permitir que el amor divino guíe cada acción. Se expresa un deseo de que los pasos, palabras, tiempo y voluntad sean bendecidos y orientados hacia lo santo, hacia el servicio y la alabanza. El mensaje central es que todo lo que soy—mi amor, mi voluntad, mi cuerpo y mi oficio—sean puestos en las manos de lo trascendente. Es una plegaria de entrega absoluta, donde el sometimiento total abre espacio para vivir únicamente para lo divino.

Letra

I
Que mi vida entera este,
Consagrada a Ti Señor,
Que mis manos puedan guiar,
El impulso de tu amor.

Lávame en tu sangre Salvador,
Límpiame de toda mi maldad.
Traigo a Ti mi vida para ser Señor
Tuya por la eternidad.

II
Que mis pies tan sólo en pos,
De lo santo puedan ir
Y que a Ti Señor mi voz,
Se complazca en bendecir.

III
Que mi tiempo todo esté,
Consagrado atu loor,
Que mis labios al hablar,
Hablen sólo de tu amor.

IV
Toma ¡oh Dios! mi voluntad,
Hazla tuya nada más,
Toma si mi corazón,
Por tu trono lo tendrás.

V
Toma tú mi amor que hoy
A tus pies vengo a poner;
¡Toma todo lo que soy
Todo tuyo quiero ser!

Reflexión

Querido hermano y hermana, cuando nos detenemos a meditar en el profundo deseo de entregar nuestra existencia por completo al Salvador, descubrimos que el primer paso de este hermoso caminar comienza con un corazón humilde que reconoce su necesidad de ser restaurado. Al clamar para que el Salvador nos lave con su sangre y nos limpie de toda maldad, abrimos la puerta a una transformación real y profunda. Esta no es una simple petición externa, sino una invitación sincera a que el amor divino purifique cada rincón de nuestro ser, permitiéndonos pertenecerle no solo por un momento, sino por toda la eternidad. La fe viva comienza precisamente allí, en la confianza de que somos recibidos, perdonados y renovados para un propósito mayor.

Esta consagración se hace visible en los detalles más sencillos y prácticos de nuestra rutina diaria. Nos desafía a preguntarnos con ternura: ¿hacia dónde se dirigen nuestros pasos hoy? Que nuestros pies busquen andar únicamente en pos de lo santo y que nuestras manos se dejen guiar por el impulso del amor divino son decisiones cotidianas que transforman nuestra realidad. Asimismo, nuestro tiempo, ese recurso tan valioso, y nuestras palabras adquieren un nuevo sentido cuando los consagramos. Al permitir que nuestros labios hablen solo de su amor y que nuestra voz se complazca en bendecir, nos convertimos en mensajeros de esperanza para quienes nos rodean.

Finalmente, el acto más sublime de entrega es rendir nuestra propia voluntad y ofrecer nuestro corazón para que sea el trono del Señor. Entregar todo lo que somos —nuestro amor, nuestros afectos y decisiones— puede parecer un paso difícil, pero a sus pies encontramos el refugio más seguro. Hoy te invito a hacer tuya esta declaración de fe y a entregarle activamente tu vida. Dile con confianza: "¡Toma todo lo que soy, todo tuyo quiero ser!". Al entregarle tu voluntad y tu amor, experimentarás el gozo y la paz de vivir en una entera consagración a Aquel que te recibe con gracia eterna.