En La Montaña Podrá No Ser
Esta hermosa canción transmite una promesa de obediencia absoluta y confianza en la guía divina. A través de imágenes de montañas, valles y mares, la letra revela un corazón dispuesto a seguir la voluntad de Cristo, sin importar el lugar ni la prueba. El mensaje central es la entrega total: ir donde Él ordene, hablar con valentía y utilizar los dones recibidos para rescatar a otros, aun cuando la senda sea oscura. Predomina la seguridad de que la voluntad de Dios es, en última instancia, la mejor ruta. El tono es de esperanza y servicio, enfatizando que la verdadera grandeza reside en vivir según su plan y propósito.
Letra
I
En la montaña podrá no ser,
Ni sobre rugiente mar;
Podrá no ser en la ruda lid
Do Cristo me quiere emplear.
Mas si Él me ordenare seguir aquí,
Senderos que yo ignoré,
Confiando en Él le diré: «Señor,
Do Tú quieras que vaya, iré.»
Do Tú necesites que vaya iré,
A los valles, los montes o el mar.
Decir lo que quieras, Señor, podré,
Lo que quieras que sea, seré.
II
Quizá hay palabras de santo amor
Que Cristo me ordena hablar,
Y en los caminos do reina el mal
Algún pecador salvar.
Señor, si quisieres mi guía ser,
Mi oscura senda andaré;
Tu fiel mensaje podré anunciar
Y así lo que quieras diré.
III
El vasto mundo lugar tendrá
Do pueda con noble ardor
Gastar la vida que Dios me da
Por Cristo mi Salvador.
Y siempre confiando en tu gran bondad
Tus dones todos tendré;
Y alegre haciendo tu voluntad,
Lo que quieras que sea, seré.
En la montaña podrá no ser,
Ni sobre rugiente mar;
Podrá no ser en la ruda lid
Do Cristo me quiere emplear.
Mas si Él me ordenare seguir aquí,
Senderos que yo ignoré,
Confiando en Él le diré: «Señor,
Do Tú quieras que vaya, iré.»
Do Tú necesites que vaya iré,
A los valles, los montes o el mar.
Decir lo que quieras, Señor, podré,
Lo que quieras que sea, seré.
II
Quizá hay palabras de santo amor
Que Cristo me ordena hablar,
Y en los caminos do reina el mal
Algún pecador salvar.
Señor, si quisieres mi guía ser,
Mi oscura senda andaré;
Tu fiel mensaje podré anunciar
Y así lo que quieras diré.
III
El vasto mundo lugar tendrá
Do pueda con noble ardor
Gastar la vida que Dios me da
Por Cristo mi Salvador.
Y siempre confiando en tu gran bondad
Tus dones todos tendré;
Y alegre haciendo tu voluntad,
Lo que quieras que sea, seré.
Reflexión
Tú, que escuchas estas líneas, recuerda que no hay promesa de comodidad en la senda de Jesús, sino la certeza de su seguir contigo donde sea necesario. En la montaña o sobre el rugiente mar, en la lid de cada día, Él te llama a no mirarte a ti, sino a mirar al que te llama. Si Él te ordena seguir aquí, cuando otros senderos se vuelvan tentadores, entonces tú puedes responder con confianza: “Señor, a donde quieras que vaya, iré”. Porque lo que Él pide, Él lo sostiene; lo que te parece incierto, Él lo ilumina con su presencia.
A ti también te puede pedir palabras de santo amor que sanen heridas, y en medio de caminos marcados por el mal, a alguien le necesite escuchar una verdad que aliente la vida. Si Él quiere ser tu guía, pon tu paso en su luz y di: sí. No temas la oscuridad de la senda; tu voz, cuando se alinea con su mensaje, tiene poder para anunciar esperanza. Y si la misión parece grande, recuerda que no vas solo: vas con su fidelidad y con la capacidad que Él te da para decir lo que sea necesario en cada momento.
El mundo entero puede parecer lejano o abrumador, pero la música de este texto te invita a vivir cada día como un campo de misión. Gastar la vida que Dios te da por Cristo no es abandonar la vida, sino darle plenitud. Confía en su bondad; recibe sus dones; y mientras makes tu voluntad, verás que el camino no es una carga, sino una alabanza en movimiento. Seré fiel en lo que me pidas, seré humilde en lo que me ordenes, seré generoso en lo que quieras que sea.
Te invito, entonces, a abrir tu corazón a la fe: entrega tus planes, busca su guía y di con valentía: “Lo que quieras que sea, seré”. Da un paso práctico hoy: pregúntate qué gesto sencillo de servicio puedes hacer, qué palabra de aliento puedes pronunciar, a quién puedes acercarte con empatía o a quién puedes compartir esperanza. Que tu vida sea testimonio de que, cuando se le entrega todo a Él, el camino se vuelve misión y la montaña, el lugar preciso para dejarnos encontrar por su amor.
A ti también te puede pedir palabras de santo amor que sanen heridas, y en medio de caminos marcados por el mal, a alguien le necesite escuchar una verdad que aliente la vida. Si Él quiere ser tu guía, pon tu paso en su luz y di: sí. No temas la oscuridad de la senda; tu voz, cuando se alinea con su mensaje, tiene poder para anunciar esperanza. Y si la misión parece grande, recuerda que no vas solo: vas con su fidelidad y con la capacidad que Él te da para decir lo que sea necesario en cada momento.
El mundo entero puede parecer lejano o abrumador, pero la música de este texto te invita a vivir cada día como un campo de misión. Gastar la vida que Dios te da por Cristo no es abandonar la vida, sino darle plenitud. Confía en su bondad; recibe sus dones; y mientras makes tu voluntad, verás que el camino no es una carga, sino una alabanza en movimiento. Seré fiel en lo que me pidas, seré humilde en lo que me ordenes, seré generoso en lo que quieras que sea.
Te invito, entonces, a abrir tu corazón a la fe: entrega tus planes, busca su guía y di con valentía: “Lo que quieras que sea, seré”. Da un paso práctico hoy: pregúntate qué gesto sencillo de servicio puedes hacer, qué palabra de aliento puedes pronunciar, a quién puedes acercarte con empatía o a quién puedes compartir esperanza. Que tu vida sea testimonio de que, cuando se le entrega todo a Él, el camino se vuelve misión y la montaña, el lugar preciso para dejarnos encontrar por su amor.