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Himno

En La Cruz (2)

esta bella canción nos revela un camino de redención a partir del dolor causado por el pecado y la búsqueda de consuelo en Jesús. La letra describe a una persona perdida que encuentra esperanza y limpieza al reconocer la luz de Cristo y su amor salvador. El tema central es la salvación por fe, el poder de la sangre derramada y la certeza de que, gracias a la crucifixión, la muerte fue vencida y la exaltación del Señor abre la posibilidad de una vida nueva. Además, transmite la promesa de compañía divina a través del Espíritu Santo, quien infunde amor perfecto y da fortaleza ante la incertidumbre de la existencia.

Letra

Me hirió el pecado, fui a Jesús,
Mostréle mi dolor;
Perdido, errante, vi su luz,
Bendíjome en su amor.

En la cruz, en la cruz, do primero vi la luz
Y las manchas de mi alma yo lavé;
Fue allí por fe do vi a Jesús
Y siempre feliz con el seré.

Sobre una cruz mi buen Señor,
Su sangre derramó,
Por este pecador,
A quien así salvó.

Venció la muerte con poder
Y al cielo se exaltó;
Confiar en Él es mí placer,
Morir no temo yo.

Aunque El se fue, solo no estoy,
Mandó al consolador,
Divino Espíritu, que hoy,
Me da perfecto amor.

Reflexión

Querido amigo, en el caminar de la vida, muchas veces nos encontramos heridos por el peso de nuestros propios errores y el dolor del pecado. Nos sentimos perdidos, errantes y sin rumbo, cargando manchas en el alma que parecen imposibles de borrar. Sin embargo, la hermosa realidad que hoy queremos recordar es que no tenemos que esconder nuestras heridas. Podemos acudir a Jesús tal como estamos, mostrándole con total honestidad nuestro sufrimiento, con la certeza de que seremos recibidos por su luz y bendecidos por su infinito amor.

Es precisamente en la cruz donde todo cambia. Allí, el buen Señor derramó su sangre por cada uno de nosotros, ofreciendo una salvación gratuita y transformadora para el pecador. Al contemplar ese sacrificio por medio de la fe, nuestros ojos se abren a una nueva luz y nuestras almas experimentan un lavado profundo y restaurador. Esta experiencia de perdón no es un evento lejano, sino la fuente de una alegría constante que nos permite vivir en una comunión alegre y permanente con Él.

La obra de Jesús no terminó en la cruz; Él venció a la muerte con poder y fue exaltado al cielo de manera gloriosa. Saber que nuestro Salvador ha triunfado sobre el final de la vida nos llena de una paz inquebrantable, quitando todo temor a la muerte. Al contrario, depositar nuestra total confianza en Él se convierte en nuestro mayor placer y refugio diario. Te invito hoy a entregarle tus temores y a descansar en la seguridad de su victoria.

Aunque Jesús se fue al cielo, no nos ha dejado desamparados. Él ha cumplido su promesa al enviarnos al Consolador, el Divino Espíritu, quien hoy mismo desea llenar tu vida con un perfecto amor. Te invito a abrir tu corazón a esta hermosa realidad. Permite que el Espíritu Santo disipe tu soledad, sane tus heridas y te guíe a esa felicidad eterna que solo se encuentra al pie de la cruz.