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Himno

El Tren Evangelista

esta hermosa canción nos presenta un tren evangelista que avanza invitando a los niñitos a subir. El viaje parece sencillo y alegre: una marcha constante hacia Jerusalén, una promesa de destino seguro y cercano. La repetición de la invitación refuerza la idea de acogida y pertenencia, como si cada niño encontrara un lugar al que pertenecer en medio de la melodía. La campana que suena añade un tono festivo y claro, que invita a participar y confiar. El mensaje central parece ser la invitación a subir al tren de la fe, vivir juntos la experiencia de esperanza y caminar hacia un futuro compartido.

Letra

Este tren evangelista que marchando va
Invitando a los niñitos que quieran subir,
Este tren avanza siempre a Jerusalén,
ven niñito te invitamos sube a nuestro tren

¡uhh, uhh, uhh!// //Vamos en el tren
La campana alegre suena tlin, tlin, tlin,
Ven niñito te invitamos sube a nuestro tren

Reflexión

La vida de fe se nos presenta a menudo como un viaje, y qué hermosa manera de comprenderlo a través de la tierna imagen de un tren evangelista que avanza con alegría. Este tren no se detiene; marcha de manera constante con un rumbo claro hacia Jerusalén, ese destino que simboliza nuestro hogar espiritual, un lugar de paz y de encuentro pleno. En este caminar, no viajamos en aislamiento, sino en una comunidad unida que comparte el mismo gozo y la misma esperanza, avanzando siempre hacia adelante con la confianza de estar en el camino correcto.

La invitación que resuena en esta melodía es sumamente especial, pues se dirige con dulzura a los «niñitos». Desde una perspectiva pastoral, este llamado nos invita a todos a cultivar un corazón sencillo, libre de dobleces y lleno de confianza. Para subir a este tren de la fe, se nos pide adoptar la actitud de un niño: la capacidad de asombro, la docilidad para dejarse guiar y la pureza de quien confía plenamente. La alegre campana que suena con su «tlin, tlin, tlin» es una metáfora de la voz divina que late en nuestro interior, un recordatorio constante y festivo de que la gracia está disponible y que siempre es un buen momento para responder al llamado.

Hoy, te invito a escuchar con atención ese sonido alegre y a aplicar esta verdad en tu propia vida. No importa en qué estación te encuentres o cuán cansado te sientas por el peso de los años; la invitación sigue siendo personal y cercana: «ven, sube a nuestro tren». Te animo a dar ese paso de fe, a despojarte de las preocupaciones y a unirte a este viaje comunitario de amor y salvación. Permítete ser parte de este alegre caminar hacia la Jerusalén celestial, confiando en que el viaje es seguro y que el destino final transformará tu vida para siempre.